HOME, un film de Ursula Meier

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Director: Ursula Meier
Guión: Ursula Meier, Antoine Jaccoud, Raphaëlle Valbrune, Gilles Taurand, Olivier Lorelle
Fotografía: Agnès Godard
Edición: Susana Rossberg
Sonido: Étienne Curchod
Dirección artística: Ivan Niclass
Producción: Denis Freyd, Thierry Spicher, Elena Tatti, Denis Delcampe
Intérpretes: Isabelle Huppert, Olivier Gourmet, Adèlaïde Leroux, Madeleine Budd, Kacey Mottet Klein
País: Suiza, Francia, Bélgica
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2008
Duración: 97 minutos
Idioma original: Francés

En su primer largometraje, la directora suizofrancesa Ursula Meier se ocupa de la comodidad biológica y utópica de una familia – mostrada como en una teoría de la intimidad simbiótica y el surrealismo en la pareja y la familia- y la manera cómo recrea esa utopía en su propia caverna (casi un útero) confortable y protectora, en un juego de relaciones que es a su vez una arqueología de lo íntimo: lo que vemos es una concepción particular de la intimidad, diferente a  lo que estamos habituados. La relación de esta familia con el cuerpo (el personaje de Olivier Gorumet juega desnudo con su hijo y las hijas  en el baño o incluso en la carretera) y el pudor no representa ningún erotismo, es pura ontología. Estos outsiders han elegido vivir una marginalidad voluntaria –no al margen (de arrinconados o autoexcluidos) sino en el umbral, anunciando una configuración futura, el estallido de su propia estructura- viviendo su propio espacio (porque vivir es vivir un espacio) en la verdadera experiencia  ética del film: el espacio vivido y vivenciado. Ellos viven junto a una vieja carretera y la usan para jugar al hockey, albergar una piscina, fungir de terraza y depósito de trastos (la carretera deviene con esto en un espacio nutricio para la familia). Pero de pronto la carretera es reconstruida y altera absolutamente la identidad familiar en un territorio que ha sido suyo por años, ocasionando una profunda crisis vital, un desenraizamiento existencial (cercano al cuerpo histérico cassavetiano), la experiencia primaria de luchar y vivir, construyendo una esfera donde morar sin el ruido exterior, alcanzando un exceso de intimidad que los conduce a la locura y el abandono, alejándose completamente del mundo.
Home, gran escultura contemporánea protagonizada por Isabelle Huppert (Huppert no se equivocó al leer el guión y participar en el film; Meier no se equivocó al escribir la película pensando en ella y confirma que ) y Olivier Gourmet (¡maravilloso!) , junto a un reparto inmejorable -que nos devuelve la belleza de Adelaide Leroux luego de trabajar con Bruno Dumont en Flandres- posee un final -gesto inefable de la genial Agnés Godard en compañía de una de las más bellas canciones de Nina Simone- que se convertirá pronto en uno de los mejores momentos del festival. Meier se aproxima al paisaje contemporáneo confirmando que son los artistas visuales los que siguen mostrando mayor sensibilidad para leer las condiciones de la ciudad.

Jorge Ayala Salinas

EL NIDO VACÍO, un film de Daniel Burman

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La solidez de Daniel Burman para diseñar -con la elegancia de una buena melodía- un universo que descubre la peor de las pesadillas en  la vida adulta para el hombre-sentir a tu mujer, como un buen neurótico, cada vez más lejos, algo más extraño que la partida de los hijos- descubre una vieja fascinación: la de los personajes y los diálogos. Ambos dispositivos exponen los conceptos del director y su relación con la zona intíma  Todo está finamente resuelto en el Nido Vacío, es un placer observar y escuchar cada conversación, sobretodo en dos gran momentos –muy judíos-: la cena -un gran homenaje a Woody Allen- en los minutos iniciales y la secuencia donde la pareja –Cecilia Roth y Oscar Martínez- asiste a una sesión de psicoterapia.

El nido vacío es un placer que no hay que perderse.

Jorge Ayala Salinas

GRACE IS GONE, un film de James C. Strouse

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Mientras Stanley Phillips –un desconocido John Cusack- y los miembros de su equipo de ventas ensayan uno de esos perturbadores ejercicios de automotivación que nos recuerdan la voluptuosidad del “espíritu americano”, su mujer, Grace, combate como sargento en Irak. Stanley se ha quedado a cargo de sus dos hijas y lleva con ellas una relación absurda. Pero de pronto una bomba estalla, Stanley recibe la más amarga de las noticias y decide escapar, cumplir el sueño de sus hijas y viajar en su vehículo en una necesidad de peregrinación a través del desplazamiento y la velocidad que convierte al vehículo y el destino de los Phillips en  puro azar. La locura del recorrido es en Stanley Phillips –Stanley necesita del trayecto como el boxeador de los golpes como “golpes de sentido”- la misma locura de su país: vivir la invención, producir imágenes y sentidos, convirtiendo el viaje en la verdadera y única escritura del film que dirige James C. Strouse – sensibilidad Sundance, banda sonora creada por Clint Eastwood- y, aunque discreta, confirma que las niñas son la especie más maravillosa que se haya creado, obsequiándonos una pequeña joya: Shélan O’Keefe.

Jorge Ayala Salinas

ERNESTO SÁBATO, MI PADRE, un documental de Mario Sábato

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Director: Mario Sábato
Guión: Mario Sábato
Fotografía: Martín Chirinos
Edición: Mario Sábato
Música: J. S. Bachr
Producción: Betaplus Broadcasting, Mario Sábato
País: Argentina
Formato: Betacam Digital – B/N
Año: 2008
Duración: 96 minutos

 

Ver y escuchar a Ernesto Sábato es de por sí una gran razón para ver este documental, contado desde la cercanía y cariño de su propio hijo, que admira a su padre y le rinde un sentido homenaje con su film. En este, se repasa la vida literaria del genial escritor, las razones, los porqués y las consecuencias de El Túnel, Sobre Héroes y Tumbas, Abaddón El Exterminador y sus últimos ensayos, pero sobre todo, profundiza la unión entre vida y obra, las correspondencias entre realidad y ficción. Además de repasar su obra se revisa también su vida familiar, la relación con su esposa, Matilde, y sus dos hijos, uno de los cuales es el director, Mario. El encanto del documental reside en la cercanía del punto de vista, en la posibilidad de entrar en la familia, de estar ahí, cerca de Sábato en su cumpleaños, en los escondites de su casa en Santos Lugares, en su habitación llena de sus propios cuadros, en sus tristezas. Sábato se confía en su hijo mejor que ante cualquier documentalista, y finalmente, Mario Sábato termina construyendo un retrato de sus padres, porque sin Matilde, Ernesto no se puede comprender. La sencillez, lucidez y humanidad que desprende uno de los mejores escritores vivos en este mundo, hacen de este film un documento importantísimo para cualquiera que haya leído sus novelas y ensayos, o quiera saber más acerca de aquel escritor que le dio vida a personajes tan memorables como Martín del Castillo y Alejandra Vidal, Juan Pablo Castel y María Iribarne, que han sido fuente de inspiración y revelación de varias generaciones.

Rossana Díaz Costa

FOTOGRAFÍAS, un documental de Andrés di Tella

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Director: Andrés Di Tella
Guión: Andrés Di Tella en colaboración con Cecilia Szperling
Fotografía: Víctor “Kino” Gonzáles
Edición: Alejandra Almirón
Música: Diego Vainer
Producción: Cine Ojo / Marcelo Céspedes, Andrés Di Tella
País: Argentina
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2007
Duración: 105 minutos

 

Este documental es un ensayo personal del director, film conmovedor e inteligente acerca de una búsqueda de identidad a través de la revelación de quién fue su madre, de origen hindú. Di Tella intenta saber quién es él a través del recuerdo y la reconstrucción de  su memoria y aquella de su familia. Su historia es la de muchos cuyos orígenes están en otras partes: en el caso de él, su madre era de la India pero ella nunca le hablaba de su país y por eso él no sabía nada de este. Cuando llega a vivir con sus padres a Londres, di Tella es rechazado por su origen étnico, aunque paradójicamente, él desconoce este origen. He aquí el inicio del conflicto, que lo llevará a realizar muchos años después este ensayo de búsqueda, en el cual el director se encuentra con verdades ocultas acerca de su madre, intuiciones que confirma al realizar un viaje a la India y conocer, al fin, a su familia perdida en un mundo distinto. A pesar de que con quien nos identificamos es con el director, el personaje de quien nos habla realmente es la madre, una mujer que quiso huir de la India y dejar su identidad atrás casándose con un blanco. El film es una mezcla de tiernas escenas familiares y entrevistas con personajes salidos de un campamento hippie petrificado en la máquina del tiempo, porque, hay que decirlo, los padres de di Tella fueron unos rebeldes, unos artistas. La película inicia con una imagen de una mujer con el pelo al viento. Es una mujer feliz, que sonríe, que parece libre. Esta intuición es la que lleva al descubrimiento de más aspectos de su madre, a la que conocemos poco, pero de la que intuimos mucho: otro gran momento es aquel en el que di Tella nos cuenta que una vez se deslizó cuesta abajo con su mamá en un auto, y ella era libre, feliz. Tal vez su madre quería tener una vida así: un carro que va cuesta abajo a gran velocidad, sin que nadie sepa si se podrá detener, si se chocará, si seguirá deslizándose sin remedio. Esta imagen es hermosa, como tantas otras que vemos, en video casero, de una sencillez que emociona (el perro, el niño, los dinosaurios), y aquellas en Súper 8, de esa belleza que solo este formato puede llegar a tener. Y por supuesto las fotografías, que son el punto de partida de esta reconstrucción de la memoria.

*Andrés di Tella es Jurado de la Sección Documental y la retrospectiva de toda su obra se puede ver en el CC España durante toda la semana del festival. Además, el martes habrá un conversatorio con él en el CCPUCP.

Rossana Díaz Costa

CHECKPOINT ROCK, CANCIONES DESDE PALESTINA, un documental de Fermín Muguruza y Javier Corcuera

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Director: Fermín Muguruza
Realización: Javier Corcuera
Guión: Fermín Muguruza
Fotografía: Jordi Abusada
Montaje: Martin Eller
Producción: Antón Reixa, Ricardo González / Filmanova, K2000
País: España
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2009
Duración: 70 minutos

 

Palestina es uno de los pocos lugares del mundo en donde los héroes nacionales son poetas. No todo es violencia y guerra en Palestina, desconocemos cómo viven sus habitantes, porque solo nos llegan las noticias acerca de la guerra. Al ver este documental recordé inmediatamente otro país árabe, Marruecos, donde la gente está también siempre sonriendo a pesar de las desgracias. Claro está que en Palestina la tragedia se vive día a día y es una realidad mucho más violenta. Pero ahí están esos niños de ojos enormes sonriendo. En este caso no solo sonríen, también cantan a la paz, la justicia, al deseo de vivir como otros niños en el mundo. Cantan a ritmo de hip-hop, como muchos jóvenes en Palestina, que han encontrado en este ritmo musical una manera de expresar sus pesares, su rebeldía ante lo que sucede en su país, uno de los lugares más golpeados del mundo en estos momentos. Son los nuevos poetas palestinos. Viajamos a través de varias ciudades de Palestina, nos confundimos en ciudades de predominancia judía también, y ahí, en la franja de Gaza, en los checkpoints de todo el territorio ocupado, hay jóvenes que se hacen escuchar a través de sus canciones, como alguna vez sucedió con los músicos tradicionales. Solo que los tiempos han cambiado, y la necesidad de rebeldía está más presente, en vista de los abusos cometidos por el ejército israelí día tras día. Un muro enorme separa a palestinos de israelíes, un muro que es más grande de lo que creemos porque es un muro en el espíritu. Pero tal vez el rock pueda derribar algunos de estos muros intangibles. Javier Corcuera, realizador de este documental lleno de música y vida, al que recomendamos sin lugar a dudas, nos cuenta que el bajista de uno de los grupos palestinos que aparecen en el film es judío. Sin lugar a dudas, la música derriba muros, cierra los checkpoints, al menos en nuestra imaginación, lo que ya es algo.

Rossana Díaz Costa

EL DIARIO DE AGUSTÍN, un documental de Ignacio Agüero

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Direccción: Ignacio Agüero
Guión: Ignacio Agüero y Fernando Villagrán
Fotografía: Gabriel Díaz / Ricardo Lorca
Producción: Ignacio Agüero y Fernando Villagrán
País: Chile
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2008
Duración: 80 minutos

 

Excelente documental que narra la investigación realizada por un grupo de estudiantes de la Universidad de Chile, que trata de revelar una verdad hasta ahora negada: la responsabilidad del diario El Mercurio en las múltiples violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet. Este diario, cuyo actual dueño es Agustín Edwards Eastman, ha sido el único medio que hasta ahora no ha pedido disculpas públicas de haber colaborado con la dictadura por la presión existente en esos momentos o por miedo a ser clausurado. Recordemos que El Mercurio es el principal diario de Chile y además, el más antiguo de América, y que a pesar de gozar de esta posición y respeto, se prestó a colaborar con el régimen pinochetista, ocultando y tergiversando información, formando conciencias a favor del dictador y en contra de los “desaparecidos”. Lo más sorprendente es el descubrimiento de las grandes cantidades de dinero que el diario se supone recibió de Estados Unidos (de la CIA, para ser más precisos), para manipular la verdad y orientar la opinión en contra de Salvador Allende y a favor de la necesidad de un dictador de derechas, y luego, en este mismo camino, el diario también mintió en torno a varios hechos en torno a las desapariciones, negando por completo la responsabilidad del régimen militar. Qué hubiera sido de Chile sin el apoyo de este diario a la dictadura es la gran pregunta que nos hacemos, y nos genera la impotencia y la angustia de saber que es así como conocemos el mundo muchas veces, a través de la manipulación de las ideas.

Rosanna Díaz Costa

A Modo de Editorial

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El cine en Latinoamérica vuelve a ser tema de análisis y crítica. Una nueva edición del Festival de Lima está a punto de dar inicio y en definitiva es una valiosa oportunidad para descubrir el estado del cine en nuestra región. Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, Chile, México, Perú. Invitados de lujo como la actriz francesa Isabellle Huppert, el mítico crítico de la revista Positif, Michel Ciment, Javier Fesser, realizador de la fantástica Camino y tambien las presentaciones especiales que este año abre un panorama sobre la obra de Alain Resnais, para que nuevas generaciones lo descubran…En fin, es un momento de fiesta del cine, y también de nuestra ciudad, que solo en contadas ocasiones tiene oportunidad de celebrar la belleza del cine como se merece.

Si por momentos la emoción embarga es porque efectivamente Latinoamérica está en ebullición y su cine así lo demuestra. Realmente el valor estético, conceptual, formal y testimonial de varias de las películas presentadas en competencia, ya sean de ficción o documental, están al nivel del mejor cine contemporáneo, por su frescura y originalidad. La solvencia narrativa del film de Bruno Barreto, Ultima Parada 174 es tan efectiva que hace pensar en un Michael Mann pero con conciencia social. Un film tan sofisticado como Fiesta de la Niña Muerta abre la selva brasilera a nuestros sentidos como si fuera una voraz experiencia audiovisual, casi perfecta. Huacho, de Alejandro Fernández sintetiza el cine de Kiarostami y de los Dardenne pero en la periferia chilena. O un film/golosina como Los Paranoicos que hace que te quedes atrapado en la butaca, sonriendo hiper feliz y secretamente esperanzado en que algunos de estos nuevos nombres, estos nuevos autores tengan una excelente trayectoria en el futuro. 

Latinoamérica vive, respira y habla. Es su complejidad la que vemos en la pantalla, un espejo de nuestras vidas y comportamientos. El cine en está vivo en este evento y solo por eso debemos sentirnos afortunados.

 Ver o No Ver Staff

Top of the Pops: Selección Oficial (Ficción)

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Última parada 174 (de Bruno Barreto. Brasil, 2008).

Como en una película urbana, salvaje y brutal de William Friedkin o de Michael Cimino, y al mismo tiempo con una fuerte carga de denuncia social, el último film de Bruno Barreto es un complejo y contundente relato de la vida en la favelas de Brasil. Un retrato de sobrevivencia de dos adolescentes marginales cuyos destinos estarán fatalmente encadenados a los de todo un país. Sin la glamourización de la violencia que este mismo tema ha provocado antes (por ejemplo, Ciudad de Dios, con la que comparte el mismo guionista) cada bala que se dispara en este film no es pirotecnia visual, es simplemente irreparable.

Los Paranoicos (de Gabriel Medina, Argentina 2008).

Fronterizos totales. Los paranoicos personajes de este film no atan ni desatan, ya sean exitosos en apariencia o perdedores irremediables. Y aunque supuestamente han pasado la treintena, sus tambaleantes almas no han superado las vicisitudes de una temprana adolescencia. Daniel Hendler vuelve a demostrar que es un animal cinematográfico de alto calibre y el representante de una nueva generación de muy buenos cineastas, con ideas frescas y que hacen gala de una puesta en escena que asombra por su madurez y dominio de recursos formales. Como un Mastroianni contemporáneo, Hendler le da vida a las angustias y desazones de esta época. A veces ríe y en otras, como en esta oportunidad, sufre. Excelentes actores secundarios (Jazmín Stuart, Walter Jacob) y una banda sonora punkie para salir corriendo e ir a comprársela inmediatamente.

Fiesta de la niña muerta (de Matheus Nachtergaele, Brasil 2008).

En un pequeño pueblo brasilero a orillas del Amazonas una fiesta religiosa está a punto de celebrarse. Una fiesta que detona la locura y el ardor de la devoción y el sufrimiento de los hombres por alcanzar el instante místico. Aquella niña muerta, aquella niña santa no existe, y por ende tampoco dios. Lo que si pervive son nuestros cuerpos que se revuelcan en esta tierra, azotados por el sol, la lluvia y la fiebre sexual. Intrincada, compleja, exuberante, como en una novela de Alejo Carpentier, esta ópera prima del actor Matheus Nachtergaele consigue erizarnos la piel por la fisicidad de sus encuadres y las texturas de su impecable trabajo de iluminación. Además tiene la desfachatez de enrostrarnos algo que conocemos y callamos: que nuestra civilización no es más que una precaria caricatura de una pretendida apariencia de normalidad, que nuestros santos no lo son, que nuestras creencias religiosas se originan en horrendos espasmos corporales, aun cuando en el cielo la más bella noche azulada esté a punto de despuntar.

La Nana (de Sebastián Silva, Chile 2009).

¿Se puede hacer una tesis antropológica y al mismo tiempo una film brillante y emotivo? Sí, La nana es prueba fiel de que los temas en el cine no se agotan, solo se renuevan los puntos de vista y las ideas. Esta vez el tema son las empleadas del hogar, nanas de cama adentro y la singularidad de su arduo trabajo dentro de la casa de una acomodada familia burguesa aparentemente estable. Si Claude Chabrol evidenció una patológica lucha de clases en La Ceremonia que terminaba en tragedia, Sebastián Silva opta por lo contrario, no niega el conflicto de clases ni la violencia latente entre los miembros de una familia (la cual se desata ante el más pequeño de los incidentes), pero si otorga a los personajes una salida al final del túnel en donde la humanidad de los protagonistas es puesta en relieve porque lo que más importa es que no se resquebraje la precariedad de la unión de los vínculos afectivos. El director nos muestra el rostro de aquellas mujeres que trabajan casi en silencio y de quien no conocemos absolutamente nada, aunque hayan vivido con nosotros todas nuestras vidas. Pero respeta su amargura, su dolor y su silencio, pues, es similar al de nosotros.

Gigante (de Adrián Biniez, Uruguay 2009).

La escuela uruguaya Rebella/Stoll (quienes nos regalaron alguna vez Whisky y 25 watts, dos piezas de colección del nuevo cine latinoamericano) empieza a tener descendencia, una casta que mas que cineastas son amigos tuyos a quienes se les da por reconstruir el mundo con imágenes inundadas de un delicado silencio y de buena onda. Nietos todos del gran Aki Kaurismaki con quien comparten un fino humor socarrón. Gigante es la historia de Jara, un vigilante de supermercado, grandazo y metalero, pero tierno como un tímido niño de cinco años, que está a punto de encontrar el amor en Julia, una chica de limpieza con cierta tendencia a tropezarse con las cosas. Un poco como en Punch Drunk Love de Paul Thomas Anderson, Biniez también nos habla de la inadecuación de los cuerpos en ambientes despersonalizados y neutros donde inesperadamente florece la oportunidad del amor. Por cierto y no es un detalle menor, el director, ha encontrado en el rostro de Julia (Leonor Svarcas) a nuestra propia Katii Outinen. ¡Qué felicidad!

Huacho (de Alejandro Fernández, Chile 2009).

Mezcla de aproximación documental y vanguardia cinematográfica, Huacho es una reflexión sobre dos temas fundamentales en el ser humano: el trabajo y el tiempo en el que habitamos y nos desplazamos. En el seno de una humilde familia de campesinos chilenos ambas reflexiones adquieren una potencia y reverberación casi universal. Con Huacho regresamos a lo primigenio, la familia, para extendernos a una multiplicidad de temas tales como la dura vida laboral en las periferias o cómo afecta la caída de un sistema económico en quienes menos tienen. Podemos citar en este film la influencia de la obra de Abbas Kiarostami y la de Jean Pierre y Luc Dardenne, en su aproximación filosófica al malestar del hombre contemporáneo, sin minimizar sus propios hallazgos formales. Un cine total, una obra maestra para atesorar y ser estudiada a mayor detalle cuando decidamos ver y entender al otro, es decir, cuando este mundo que conocemos y consumimos irresponsablemente empiece a resquebrajarse y a caerse en pedazos.

Excusiones (de Ezequiel Acuña, Argentina 2008)

Esta pequeña, pequeña, pequeña película de Ezequiel Acuña es toda una síntesis de sus preocupaciones cinematográficas y emocionales como realizador. Dos amigos vuelven a encontrase luego muchos años para realizar el proyecto artístico de uno de ellos. Conversan, recuerdan tiempos pasados, patinan, trabajan un poco y fin. Diálogos sencillos, a veces muy efectivos, y un pretendido medio tono que no molesta en absoluto, porque la amistad y sus íntimos secretos no necesita más que sinceridad para ser verdadera. Y la amistad juvenil es más o menos como se nos muestra aquí: en blanco y negro y con las zapatillas llenas de arena de playa.

Enrique Vivar

CAMINO, EL MILAGRO DE P.TINTO y la figura de Javier Fesser

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Yo lo conocí a Javier porque me acompañaba todas las mañanas, hace muchos años, en un programa de radio que pasaban en España. Este programa se llamaba “Gomaespuma” y me alegraba las mañanas frías y húmedas en Galicia antes de irme a trabajar. Este programa tuvo tanto éxito que Fesser también hizo una serie para la televisión con el mismo nombre. No sé si lo saben, pero en Galicia siempre está lloviendo y los inviernos son largos, y alguien que te haga reír en las mañanas se convierte en algo parecido a un buen amigo, así solo sea un amigo al cual puedes escuchar. No solo él había inventado ese programa delirante, estaba también su hermano, el otro Fesser, que también es gracioso como Javier. Yo, en esa época, no sabía que Javier también sabía hacer películas y publicidad, eso lo descubrí poco tiempo después, cuando empecé a estudiar cine y alguien me pasó dos cortos de él: “Aquel ritmillo” y “El secdleto de la trompeta” (1995). Me parecieron geniales, de un sentido del humor fino e inteligente, que no era muy común en España, aunque al mismo tiempo era muy español. Eran cortos delirantes como su programa, surrealistas, de una narrativa ágil y casi hermanada con la de Jean-Pierre Jeunet, con personajes tiernos y locos, con humor negro e ironía.
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Al poco tiempo salieron dos películas cómicas en España: “Airbag” (Juanma Bajo Ulloa, 1997) y “El Milagro de P. Tinto” (1998). España se dividió en dos: los que les gustaba el sentido del humor de “Airbag” y los que les gustaba el sentido del humor de este primer largometraje de Javier Fesser. Yo me incluí en el segundo grupo, junto con aquellos que también les gusta el Nesquik y no el Cola-Cao. Esto no es una broma, así es España, he vivido muchos años ahí y puedo dar fe de ello. Es un país dividido en dos desde la Guerra Civil: o eres republicano o franquista, o eres del PSOE (posibilidad Izquierda Unida también) o eres del PP. O eres de derecha o de izquierda, para hablar más en cristiano. O te gusta el Cola-Cao o el Nesquik (unas peleas interminables por algo tan simple como el chocolate para disolver en la leche). O te gusta Bajo Ulloa o Fesser y así hasta el infinito. Esto que cuento es importante para entender la otra película en cuestión de Fesser, “Camino”, a la cual llegaré luego.

Pues “El Milagro de P. Tinto” me gustó porque era un film con aquel espíritu que ya había visto en sus cortos. Pero esta vez en grande. Personajes sacados de una imaginación sin límites, también tiernos y a los que les sucedía la vida en medio de un mundo surrealista. La historia es así: P. Tinto siempre había querido tener una familia numerosa, pero esto no sucede porque con su esposa no saben cómo es que los niños vienen al mundo. Pero luego de muchos años llega un niño o algo parecido a ello, y todo cambia en sus vidas. Esto en medio de un mundo lúdico, casi de cómic, con personajes casi extraterrestres, que es imposible que no hagan reír.
En esta línea del gusto por el cómic, Fesser adaptó después los archifamosos cómics españoles de “Mortadelo y Filemón”, y los llevó a la gran pantalla. Ello supuso un gran éxito, porque con este cómic no había división en el país, a todos, a absolutamente todos los españoles les gustan estos dos detectives simpáticos y torpes.

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Por eso mi sorpresa al ver “Camino” (2008), su última película. Un drama con el cual se aleja del mundo delirante de antes y demuestra una gran madurez como director. La historia que se cuenta en este excelente film es la de una niña, Camino, hija de una familia perteneciente al Opus Dei, a la cual le diagnostican un cáncer y tiene que atravesar por la terrible experiencia de ser operada varias veces, pasando por un vía crucis de hospitales y quimioterapias que la destrozan a una edad en la que solo se debería pensar en vivir. Las imágenes son reales y crudas, vemos el dolor de Camino y lo sentimos con impotencia. Pero esta niña de ojos luminosos y amplia sonrisa está de alguna manera salvada gracias a su fantasía e imaginación, y es aquí donde Fesser vuelve a ser el Fesser de antes, porque vemos cómo a pesar de estar cerca de la muerte, Camino vive gracias al recuerdo del niño del cual está enamorada, y todo esto en medio de ternura y surrealismo. El amor la salva de la horrenda realidad, mientras todos creen que ella es una santa, porque llama y ve a Jesús en medio del coma. Claro, Jesús es el nombre del niño del cual ella está enamorada, pero el Opus Dei, en su fanatismo y cerrazón, necesita tener una santa y ella es la elegida para ello.

“Camino” es una película que está basada en la historia real de una niña española, que en la actualidad está en proceso de beatificación, y Fesser se atreve a denunciar la locura del Opus Dei a través de la imaginación del personaje de la niña. Grandes actuaciones de los grandes y chicos, una puesta en escena impecable y un espíritu lúdico a pesar de la tragedia. Esto es lo maravilloso acerca de la película, que estamos siempre acompañando a la niña en sus fantasías y ganas de vivir, pero al mismo tiempo nos preguntamos dónde está Dios, que permite que seres inocentes puedan sufrir tanto, y finalmente nos abrumamos de ver el pensamiento medieval del Opus Dei. Como dije antes, España es un país dividido en dos: están los súper católicos y los que no creen en nada (recordemos a los republicanos, que eran ateos, y a los franquistas, que eran católicos casi medievales). Por eso es que esta idea es necesaria para entender “Camino”.

Fesser, una vez más, parece querer decirnos que en esta vida también están los que viven con imaginación y los que no, y tal vez esto significa que solo la imaginación y la fantasía nos pueden dar esa felicidad que la mayoría de veces nos está negada en nuestra limitada realidad. La vida está en otra parte, decía Rimbaud, y nada más cierto que ello. Fesser parece que también lo cree así, por eso escapa y se refugia en el sueño y la poesía.

Rossana Díaz Costa