Carancho, de Pablo Trapero (Argentina, 2010)

Director: Pablo Trapero
Guión: Pablo Trapero
Música: Lim Giong
Edición: Ezequiel Borovinsky, Pablo Trapero
Fotografía: Julián Apezteguia
Producción: Matanza Cine, Fine Cut
País:
Argentina
Año: 2010
Duración: 107 minutos

Intérpretes: Ricardo Darín, Martina Gusmán, Carlos Webwe, Jose Luis Arias, Lorena Acuña

La noche es el mundo de los caranchos. Abogados de baja estofa que como aves de rapiña sobrevuelan los accidentes de tránsito para buscar victimas incautas y meterse al bolsillo unos cuantos billetes manchados de sangre. Sosa (Ricardo Darín) es un carancho, un tipo venido a menos con un pasado turbio que probablemente sea el que lo condujo al lamentable estado en que se encuentra hoy. Una noche Sosa conoce a Lujan (Martina Gusman), una doctora recién salida de la facultad que llena sus solitarias noches haciendo varios turnos de trabajo, sobre todo de madrugada, porque ahí las ojeras pesan menos. Entre muertos, heridos y mucha sangre derramada ambos personajes entablaran una relación basada no en el amor sino en la necesidad de una compañía que limpie, cure y cosa (literalmente) las heridas del otro. Carancho es un film duro, urbano, salvaje; un policial sin policías solo con perdedores en un país sin ley. La temible casualidad propia del cine negro hará que todos los personajes del film se encuentren cara a cara en situaciones límite, ocasión ideal para que el cineasta Pablo Trapero instale su cámara a escasos milímetros de la realidad. Caranchos, doctores, asesinos, estafadores, todos morderán el frio polvo del asfalto, porque ya están condenados de antemano. La calle es la antesala al infierno, aunque uno crea en el.

Enrique Vivar

Editorial

Una vez más nos encontramos en el momento más feliz del año para todos los cinéfilos de nuestra ciudad: es la semana del Festival de Cine de Lima, en su edición número XIV, y que se dará lugar desde el 6 hasta el 14 de agosto, en el Centro Cultural de la Universidad Católica, la cadena de cines Cineplanet y centros culturales varios en toda nuestra ciudad.

Durante esta semana podremos ver una vez más las mejores películas latinoamericanas de este año, en la categoría de ficción y documental, y también, proyecciones especiales que incluyen un homenaje a la familia Barreto, brasileros que se han dedicado a lo largo de varias generaciones a la producción y dirección de grandes películas; una retrospectiva de María Novaro, realizadora mexicana de larga trayectoria; una retrospectiva del director francés Jacques Tati, oportunidad única de ver todas las películas de uno de los grandes directores de comedia de todos los tiempos. Asimismo, la fiesta del cine nos ofrece películas valencianas; largometrajes de ficción que incluyen películas imperdibles como The Ghost Writer (El escritor fantasma), de Roman Polanski; y, por supuesto, las películas de la Semana de la Crítica de Cannes, las cuales recomendamos sin excepciones.

Este año, además, es especial, porque se están dando los estrenos de dos películas peruanas que vienen de ser premiadas en varios festivales: Octubre, de los hermanos Vega, y Contracorriente, de Javier Fuentes-León. También se proyectará nuevamente la película Paraíso, de Héctor Gálvez, para todos aquellos que no la vieron en el momento de su estreno. Las tres están en competencia en la categoría ficción. En la categoría documental está Chungui, horror sin lágrimas, del peruano Felipe Degregori.
La fiesta no es solo ver películas, sino también asistir a las múltiples actividades, encuentros y presentaciones que se dan en el marco del festival, y, así, conocer de cerca a cineastas que han venido con sus películas y también de jurado. Este año, entre otros, contamos entre el jurado con la presencia de la directora argentina Lucrecia Martel y con la peruana Claudia Llosa.

Ver o no Ver les irá recomendando películas durante esta semana. Los animamos a que se unan a una nueva edición de la fiesta del cine y les recordamos que ver buenas películas nos hace siempre felices.

Ver o no Ver Staff

ENTRE LOS MUROS, UN FILM DE LAURENT CANTET


Con una lucidez aterradora, “Entre los muros”, Palma de Oro en el Festival de Cannes 2008, descubre a un grupo de estupendos no actores performando una verdadera antropología escolar, en el mismo lugar que se gestan las técnicas disciplinarias y la normalización de la conducta, donde el poder es la relación misma.

Las incómodas verdades de Laurent Cantet, su director, utilizan un tiempo casi documental, una conciencia del lenguaje exclusiva y una lógica teatral que coloca a Cantet como un heredero contemporáneo de Bertolt Brecht. Sí, “Entre los muros” es pura y dura estética y política brechtiana. Descripción densa, deconstrucción, gramática de la acción, todo brilla con una inteligencia abrumadora, como nos había sorprendido ya con su ópera prima “Recursos Humanos”, movilizando la imagen del sujeto político a la escuela.

Todo es verdadero en esta película. Cantet nos ha dejado el amargo sabor de una institución y una cultura en crisis, con la maravillosa verdad de un cine con estilo, forma y muchísima inteligencia.

J. Ayala / 22 de octubre del 2009

LOS OLVIDADOS, DE ROSSANA DÍAZ COSTA


He vuelto a Los olvidados (no los de Buñuel, los míos) de Rossana Díaz Costa (docente universitaria, crítica de cine, guionista y cineasta en curso), finalista del Premio Nacional de de Narrativa PUCP 2004, a través de Micaela, mi hija. Rossana le obsequió estos cuentos en su primer cumpleaños sin darse cuenta –o quizás lo hizo- que en ese mismo instante construía otra historia a través de su cámara, otorgándonos la responsabilidad del tiempo y la vida (Micaela y yo lo agradecemos: estamos más vivos que nunca), elementos que asume en cada una de las 19 historias de Los olvidados en esta segunda edición de la inquietísima editorial Estruendomudo (la primera estuvo a cargo del Fondo Editorial PUCP).

Todo lo que no se escribe no ha existido entiende Rossana y convierte sus historias en trayectos conversacionales, cuyo sentido es narrar como única posibilidad de controlar el mundo y hacer propio -como es propio- el carácter de la vida. Las palabras, las frases y los signos de Rossana llegan como un eco al que añadimos siempre algo de nosotros. Si pudiera hacerlo –y lo entiendo por su intensidad-, Rossana escribiría sus cuentos para ser percibidos con cada uno de nuestros cinco sentidos. La nobleza de sus historias y la necesidad de nombrar como un soplo que descubre cosas bajo la superficie, tienen una sola declaración: adora el mundo.

No sé donde estará Rossana cuando Micaela lea estos cuentos pero estoy seguro que confundirá estas historias con cada una de las cartas que le envíe desde cualquier lugar.

J. Ayala / 22 de octubre del 2009

LOS VIAJES DEL VIENTO, un film de Ciro Guerra

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Director: Ciro Guerra
Guión: Ciro Guerra
Dirección de Fotografía: Paulo Pérez
Dirección artística: Angélica Perea
Sonido: José Jairo Flórez
Montaje: Iván Wild
Música: Iván “Tito” Ocampo
Producción: Cristina Gallego, Diana Bustamante
Intérpretes: Marciano Martínez, Yull Núñez, Rosendo Romero, Beto Rada, Guillermo Arzuaga, José Luis Torres
País: Colombia
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2009
Duración: 117 minutos

Para desmerecer a Ciro Guerra y su película, la crítica sostiene dos versiones: la primera, que el personaje del juglar Ignacio Padilla es demasiado plano y se representa sin emociones. La segunda, no demasiado lejos de la primera, afirma que en la película no sucede demasiado y que la historia cae. (Hay una tercera versión que considera que la película posee un metraje excesivo. La leí en un diario. Las anteriores las oí en el cine.) Ambos argumentos objetan en definitiva el guión de Ciro Guerra.

Para refutar estas críticas –o darles la razón- basta con olvidarse de cómo escribe Ciro Guerra y pensar qué es lo que hace en Los viajes del viento. Elige a Marciano Martínez (gran músico y compositor, leyenda del vallenato colombiano. Martínez se topó en la calle con un amigo que le contó que en su casa hacían un casting para encontrarle protagonista a una película, asegurándole que él era el hombre indicado para asumir ese papel) para hacer –porque Martínez no actúa (no es un actor, es un actuante), hace- de Ignacio Padilla, juglar colombiano que domina el acordeón y el arte de la improvisación musical, y que debe realizar un largo trayecto para entregar el acordeón a su maestro. Padilla ha sido siempre un transeúnte, un hombre de paso (un paseante), un hombre–tráfico que casi nunca habla, ni canta, ni toca, ni actúa; no simula nada. Es un maestro de ruta que hace sencillamente lo que cada situación le exige – y la vida le exige poco- . Es huraño y posee esa extraña sensibilidad que hace de los maestros una especie notoriamente fría  y lejana. Al iniciar su viaje, Ignacio es abordado por un muchacho que quiere aprender a tocar el acordeón. Ignacio rechaza su pedido pero el joven decide convertirse en su sombra, recorriendo juntos un camino que se prolonga con los descubrimientos que surgen en el desplazamiento, modalidad de creación que hace que Los viajes del viento se convierta además en un film musical. Suponer que nos encontramos frente a una pieza dramática donde existen actores que desarrollan roles determinados es solo una posibilidad. Sin embargo, ¿Deberíamos estar tan seguros de ello? ¿Realmente es una pieza dramática lo que desarrolla Los viajes del viento? Si fuera así, ¿qué guión se estaría representando? ¿Qué guión se espera? ¿No sería mejor asumir que no existe un argumento sino más bien un sinsentido, un gesto –devolver el acordeón- que en realidad no dice nada en concreto? Porque existe un momento en que el actuante participa de series discontinuas de acontecimientos y secuencias inconexas, materiales que no pueden ser conectados para armar un material o un relato consistente, sino que a lo sumo podemos rescatar secuencias que tienen cierta congruencia interna. Si Marciano Martínez no es un actor sino un actuante es porque el viaje no es un drama guionizado sino solo una acción que no actúa ni produce, sino que acontece. Solo el arte posee la capacidad de detenernos y hacer lento el ritmo para restituir los valores del tiempo a la lentitud de la contemplación, y eso es lo que hace Guerra casi como un landscape designer: realizar una película cuya belleza y sensibilidad la hace demasiado vulnerable.

Jorge Ayala Salinas

Ver o No Ver Awards Festival de Lima 2009

Estimados amigos, hacemos un alto en nuestra cobertura del Festival de Lima 2009 para otorgar los premios de Ver o No Ver a las que consideramos las mejores propuestas cinematográficas de este festival. A continuación la lista de ganadores.

Mejor Película (ex aequo): Ultima Parada 174 (Bruno Barreto, Brasil) & Huacho (Alejandro Fernández, Chile)

Gran Premio Ver o No Ver: Los Paranoicos (Gabriel Medina, Argentina)

Premio al Mejor Director: Matheus Nachtergaele por Fiesta de la Niña Muerta (Brasil)

Premio a la Mejor Interpretación Masculina: Daniel Hendler por Los Paranoicos (Argentina)

Premio a la Mejor Interpretación Femenina: Catalina Saavedra y Mariana Loyola por La Nana (Chile)

Premio al Mejor Guión: Braulio Mantovani por Ultima Parada 174 (Brasil)

Premio a la Opera Prima: Gigante de Adrián Biniez (Uruguay)

Premio a la Contribución Artística: Rabioso Sol, Rabioso Cielo de Julián Hernández (México)

Premio Especial Ver o No Ver: Maria Laura Cali y Fernándo Díaz por La Extranjera (Argentina)

LA NANA, un film de Sebastián Silva

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Director: Sebastián Silva
Guión: Sebastián Silva, Pedro Peirano
Dirección de Fotografía: Sergio Armstrong
Dirección artística: Pablo González
Sonido: Roberto Espinoza
Montaje: Danielle Fillios
Música: Pedro Subercaseaux
Producción: Forastero
Intérpretes: Catalina Saavedra, Claudia Celedón, Alejandro Goic, Andrea García-Huidobro, Mariana Loyola, Agustín Silva
País: Chile
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2009
Duración: 117 minutos

La sensibilidad de Sebastian Silva (grabó la película en casa de sus padres, donde se crió de los 10 a los 20 años) para la comunicación de cuerpos en contextos caracterizados por la inestabilidad, sortea brillantemente los estereotipos psicológicos y se anima incluso a introducir un dispositivo lingüístico (como lo hicieron en su momento los grandes teóricos de la comunicación humana en la terapia familiar) llamado Lucy, que aparece para cumplir una función mayor en un momento determinado, respondiendo a una emergencia. Lucy se inscribe como dispositivo en un juego de poder, obedeciendo una ética en medio de los recursos somáticos de Raquel (la nana que viene trabajando 23 años con la familia y no duda en hacer imposible la vida de las muchachas que llegan a trabajar con ella): Hagas lo que hagas, haz siempre lo contrario. Y así Lucy se desnuda en el patio de la casa cuando Raquel la deja fuera. Llora desesperada cuando Raquel pierde el sentido. Y agradece el mal trato invitándola a pasar navidad con su familia. Porque La Nana es sobretodo una puesta en escena del self, donde lo complejo se transforma en unidad, lo oculto en visible, lo difícil en facilidad.  La Nana nos ha devuelto un cine de interacciones en el mismísimo mundo de la vida. Sí, interacciones, como en el cine etnográfico. Interacciones de seres humanos en su medio ambiente social. La historia descubre con inteligencia que la personalidad es un mito y que detrás de los grandes cambios solo existe el lenguaje ( la lógica de la razón es la peor de las disposiciones. El ser humano es  paradójico). Silva está muy cerca de la ética del amor y el reconocimiento de los Dardenne, filmando una historia de seres humanos en movimiento, focalizando lo inestable, lo fluído, lo cambiante, documentando cuerpos de personas ordinarias en situaciones ordinarias y condiciones igualmente ordinarias.

Jorge Ayala Salinas

LA EXTRANJERA, un film de Fernando Díaz

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Director: Fernando Díaz
Guión: Fernando Díaz
Dirección de fotografía: Mariano Cúneo
Dirección de arte: Sergio Hernández
Sonido: Pablo Isola
Montaje: Guille Gatti
Música original: Charlie Peronace Dalton
Producción: Fernando Díaz y San Luis Cine
Intérpretes: Arnaldo André, María Laura Cali, Roly Serrano, Norma Argentina
País: Argentina
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2008
Duración: 96 minutos

 

La Extranjera es una excelente película que por razones inexplicables no se encuentra en la Sección Oficial de competencia y que recomendamos con entusiasmo. El film nos cuenta la historia de María, una mujer argentina que ya no es tan joven, que limpia discotecas en Barcelona. Es una de las tantas inmigrantes que se tienen que buscar la vida en Europa. Ahí, entre música ensordecedora, luces de colores, oscuridad y humo, ella realiza su trabajo sola y en silencio. Porque lo cierto es que lo que más caracteriza desde un inicio a esta mujer es su soledad, que la hace fuerte y dura. Recibe una carta desde Argentina: ha muerto su abuelo y ha heredado una tierra en un pueblo perdido cerca de San Luis. Indio Muerto se llama el pueblo, y es desde el momento en que vemos el letrero de madera con el nombre del pueblo, aquellos arbustos casi sin vida en la mitad de algo muy parecido al desierto, ese sol que calcina y los rostros curtidos de aquellas personas tan alejadas de la ciudad, que sabemos que estamos entrando a un territorio cinematográfico muy parecido al western, pero en Argentina. Porque lo cierto es que los grandes aciertos de este film están en su lenguaje tan parecido a aquellas películas de seres que tratan de sobrevivir y luchan contra los elementos, siempre en soledad, en el desierto americano. Pero sin indios (aquí, el indio está muerto), sin sheriff (pero Arnaldo André funciona a modo de autoridad del pueblo, al ser el más rico), pero sí con vaqueros, gauchos y animales. Es por eso también que esta película es muy distinta a otras películas argentinas (lo dice el propio director), ya que estamos acostumbrados a ver films más citadinos, con personajes más cosmopolitas. María no solo tiene que aprender a sobrevivir en la mitad de la nada, alejada de las luces de las discotecas, también tiene que recordar cómo se hace la comida en hornos de piedra, tiene que vivir con lamparines y con un fusil a su lado por si alguien le quiere hacer daño: recordemos que es una mujer que está sola y que esta soledad la hace valiente. Es todo un aprendizaje de volver a la tierra, de volver al origen, es un enfrentarse a su pasado y un tomar conciencia de un futuro incierto, de su desarraigo en tierras lejanas. Nada más vital que esta mujer recibiendo con felicidad el sol en la cara echada sobre el barro, confundiéndose con la tierra que le dio vida. Porque lo cierto es que este regreso a su país supone un volver a un origen casi olvidado, pero que tal vez es lo único que le permite ser alguien en la vida. Aquí no tendrá que limpiar discotecas ni suelos ajenos, aquí tendrá que luchar contra la naturaleza de su propia tierra.

Rossana Díaz Costa

WHISPER WITH THE WIND, un film de Shahram Alidi

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Director: Shahram Alidi
Guión: Shahram Alidi
Dirección de fotografía: Touraj Aslani
Edición: Hayedeh Safiyari
Sonido: Asghar Abgoun
Dirección artística: Shahram Alidi
Producción: Gobierno Regional de Kurdistan / Ministerio de Cultura, Shahram Alidi
Intérpretes: Omar Chawshin, Maryam Boubani, Fakher Mohammad Barzani, Valid Marouf Jarou, Moharam Hossein Ghader, Bistoun Ali Ghader
País: Irak, Irán
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2009
Duración: 77 minutos
Idioma original: Kurdo

 

En una antigua y polvorienta carretera un destartalado coche se mueve lentamente. La luz del  día empieza desvanecerse y las nubes en el cielo se vuelven cada vez más oscuras y amenazantes. El único sonido que se puede oír es el susurro del viento. El paisaje parece remoto y nos hace creer que estamos en una especie de tierra de nadie, perdida en el tiempo y la memoria. Pero no, estamos en un lugar específico: Irak, y tal vez porque sabemos (o apenas lo sabemos) de los terribles acontecimientos en su historia reciente nos damos cuenta de que en este desolado camino en verdad el mundo acaba.

Al volante de este coche hay un anciano, cuyos ojos azules estan llenos de una infinita tristeza. En un momento de agotamiento cierra sus ojos para descansar un segundo, pero sabemos que no lo puede hacer. Ha visto demasiadas cosas durante su vida y lleva a sus espaldas una maldición, la de aquel que sobrevive a sus hermanos, a su sangre. Sus ojos han sido testigos de lo peor, ha presenciado la guerra,  ha visto como los más  jóvenes eran asesinados y ha escuchado las plegarias de madres  implorando  al cielo por el improbable regreso de sus hijos. Él ha sido testigo de lo insoportable y no puede olvidar. En las profundidades de su alma lleva una marca, la de la historia de su país.

Un altavoz encima del coche repica voces hacia un cielo indiferente, transmitiendo mensajes, lamentos, oraciones personales, son cartas que no se pueden escribir, pero si gritarse al mundo, y este es el  trabajo del anciano, grabar estas voces de duelo, como una especie de castigo eterno e infernal, porque, lo debemos recordar, el infierno está aquí, sobre la tierra. Estas ciudades desiertas, estos caminos llenos de olvido, no sólo están en Irak, sino en todo el mundo donde los conflictos armados han dejado a mucha gente desamparada, sin patria ni identidad. Confesar su dolor es una forma de alivio de sí mismos.

Al comienzo de la película hay una leyenda acerca del Anfal, el genocidio durante el régimen de Sadamm Hussein en la década de los ochenta, en el que casi 182, 000 kurdos fueron exterminados. Los hombres fueron enterrados vivos en fosas comunes y las mujeres maltratadas y enviadas a campos de trabajo, alejadas de sus propias casas y ciudades, dejando su historia detrás. Esta película es también una carta a los supervivientes (que también tuvieron que sufrir dos décadas de destrucción masiva, pero con un enemigo mayor: América), y lo que creo que es tan conmovedor de esta película es el uso del paisaje y la naturaleza para expresar el sufrimiento con poesía. Es muy interesante observar las consecuencias de la guerra y cómo afecta los espacios que se habitan. Presencias y ausencias que viven juntas, gritos y silencios que se unen en un solo espacio, expuestos al viento que lleva oraciones sin respuesta por la pérdida de más queridos. Esta atención al paisaje emocional parece querernos decir que el tiempo pasa, el polvo puede cubrir las cicatrices, pero el dolor permanecerá siempre igual.

Enrique Vivar

HUACHO, un film de Alejandro Fernández Almendras

huacho

Director: Alejandro Fernández Almendras
Guión: Alejandro Fernández Almendras
Fotografía: Inti Briones
Edición: Sebastian de Sainte Croix
Sonido: Pablo Pinochet
Producción: Jirafa Films, Charivari Films
Intérpretes: Clemira Aguayo, Alejandra Yáñez, Cornelio Villagrán, Manuel Hernández
País: Chile, Francia, Alemania
Formato: 35 mm – COLOR
Duración: 110 minutos

 

Huacho es una experiencia corporal, una delicia sensorial, pura energía cinematográfica que te sacude la columna vertebral y te conecta instantáneamente con tu propia tierra, aquella misma que te dio la vida y que abrazará tus huesos cuando mueras. La sentí a través de mis sentidos, en mi piel, como un  sol todopoderoso que ilumina y prende de vida nuestros amaneceres. La sentí en mis labios, en mi lengua, en el hermoso idioma que hablo: Español. Pero sobre todo esta película la sentí mía, pues proviene del lugar a donde pertenezco, Latinoamérica, y pocas veces una película, ha logrado evidenciar mi origen de manera tan auténtica. Huacho, cuenta la historia más simple y también la más antigua: despertar a la mañana, compartir el pan en la mesa, luego ir a ganarse la vida, descansar un momento y, por último, volver a casa y esperar al día siguiente. No existe un personaje principal, tan solo una familia: dos abuelos, una madre soltera y un hijo. Son gente del campo, humildes, trabajadores que viven en este siglo pero, al mismo tiempo en el pasado.

Aunque hay muchos temas en torno a Huacho, voy a elegir dos: el primero es su herencia neorrealista, es decir, la urgencia de continuar pensando el cine como una actitud ética hacia la vida, un compromiso con tu propio tiempo, con tu propia comunidad. Un cine político, que vincula esta película con la de visionarios tales como Roberto Rossellini, Ken Loach, Abbas Kiarostami, Robert Guédiguian o Abdellatif Kechiche. Artistas que fueron y son capaces de explicarnos que el mundo necesita estar unido con preocupaciones comunes a todos, y que siempre debemos evitar la exclusión o el rechazo.

El segundo, y quizás  más significativo (por la manera en que el cine puede autentificar imágenes de la vida cotidiana en el presente) es el tema del trabajo. “Ganarás el pan con el sudor de tu frente” parece hacerse eco desde la distancia del tiempo en cada luminoso fotograma del film. Nuestra vida, así como la de los protagonistas del film, se puede resumir en la irrevocable veracidad de aquella frase, vivimos para trabajar y al hacerlo condicionamos nuestro uso del tiempo, nuestro espacio y nos definimos como seres humanos. Hacernos recordar la persistencia de esta verdad en el hombre, y en la vida de personas  que viven con muy pocos recursos, pero aun así se esfuerzan enormemente para culminar un día de sus vidas con una pequeña sonrisa, es uno de los principales y más audaces logros del film. ¿Estamos dispuestos a ser testigos privilegiados del trabajo real? Más aun, cuando se nos presenta agotador, rutinario, pero tambien noble como lo es en realidad. En Huacho lo vamos a experimentar sin maquillaje alguno, sólo trabajo duro en manos curtidas por el sol. Este es un cine que confronta  la vida y la entiende, que la sigue obsesivamente a cada instante, como si tuviese temor de alejarse de ella y no poder encontar aquello que busca incesantemente: la verdad.

Huacho, presenta la complejidad de la vida cotidiana de personas que luchan por ganarse la vida con valentía, porque la necesitan para sobrevivir. Y es también una actitud igual de valiente producir una película que rescata y nos muestra la vida campesina tal cual es, de cara opuesta a la de un país cuyo rostro para el mundo es el éxito de un sistema economico que esconde años de crímenes, violencia social y exclusión. Tenemos que ser el centro de nuestra propia periferia, parece decirnos el director, y desde ese punto podremos volver a definir la historia.

 Enrique Vivar