LOS OLVIDADOS, DE ROSSANA DÍAZ COSTA

He vuelto a Los olvidados (no los de Buñuel, los míos) de Rossana Díaz Costa (docente universitaria, crítica de cine, guionista y cineasta en curso), finalista del Premio Nacional de de Narrativa PUCP 2004, a través de Micaela, mi hija. Rossana le obsequió estos cuentos en su primer cumpleaños sin darse cuenta –o quizás lo hizo- que en ese mismo instante construía otra historia a través de su cámara, otorgándonos la responsabilidad del tiempo y la vida (Micaela y yo lo agradecemos: estamos más vivos que nunca), elementos que asume en cada una de las 19 historias de Los olvidados en esta segunda edición de la inquietísima editorial Estruendomudo (la primera estuvo a cargo del Fondo Editorial PUCP).
Todo lo que no se escribe no ha existido entiende Rossana y convierte sus historias en trayectos conversacionales, cuyo sentido es narrar como única posibilidad de controlar el mundo y hacer propio -como es propio- el carácter de la vida. Las palabras, las frases y los signos de Rossana llegan como un eco al que añadimos siempre algo de nosotros. Si pudiera hacerlo –y lo entiendo por su intensidad-, Rossana escribiría sus cuentos para ser percibidos con cada uno de nuestros cinco sentidos. La nobleza de sus historias y la necesidad de nombrar como un soplo que descubre cosas bajo la superficie, tienen una sola declaración: adora el mundo.
No sé donde estará Rossana cuando Micaela lea estos cuentos pero estoy seguro que confundirá estas historias con cada una de las cartas que le envíe desde cualquier lugar.
