Rompecabezas, de Natalia Smirnoff (Argentina, 2010)
Director: Natalia Smirnoff
Guión: Natalia Smirnoff
Fotografía: Barbara Álvarez
Edición: Natacha Valerga
Música: Alejandro Franov
Dirección de arte: María Eugenia Sueiro
Producción: Carrousel Films, La Ninas Pictures
Año: 2010
Duración: 88 minutos
Intérpretes: Maria Onetto, Gabriel Goity, Arturo Goetz, Henny Trailes, Felipe Villanueva.
Ópera prima de colores cálidos y una sencillez que conmueve. Esta es la historia de María del Carmen, un ama de casa como muchas, con un marido que pide su queso a la hora de siempre y dos hijos adolescentes que también piden comida a su madre a la hora de siempre. La familia tradicional con un pater familias que trae el dinero a la casa para que la madre lo administre y cuide del hogar y de la familia. Aquí, el pater familias vende bujías y la madre arma rompecabezas en sus ratos libres. Pero los arma muy bien, es un as de los rompecabezas, aunque sin método ni estilo, sino solo con innata habilidad para ellos. Los hijos, uno a punto de independizarse y el otro con una novia un poco new-age, que le enseña a comer comida vegetariana en una Argentina carnívora y que lo anima a viajar a la India. Así transcurren los días para María del Carmen, que se envejece en el tedio y la servidumbre hacia su familia de hombres que, además, no le prestan mucha atención. Hasta que un día ocurre el milagro: alguien cuelga un aviso en la tienda donde venden rompecabezas, alguien que necesita un compañero/a para competir en un concurso. Y ese alguien es un hombre, un heredero de alguna de esas antiguas y tradicionales familias argentinas que aún mantiene la estirpe y la cultura, y que, al parecer, no tiene que mancharse las manos para vivir con todas las comodidades. Así es como nuestra ama de casa llega a una especie de casa-palacio llena de obras de arte, donde al fin alguien la servirá a ella, porque ahí hay una sirvienta que le pregunta si quiere té o café y, al fin, después de años, siente que alguien la atiende. No solo eso, este hombre tiene la misma afición de ella, y la lleva no solo por los conocimientos profundos de los rompecabezas, sino que le ofrece libros y una cultura que entre quesos y bujías eran inaccesibles a ella. Y aquí, en esta casa-palacio a las afueras de Buenos Aires ella es feliz todas las tardes. Este hombre se convierte en un amante con quien no se toca y a quien ve a escondidas, y así hasta ganar el concurso a nivel nacional. Y de esto se trata finalmente Rompecabezas, de la libertad y la felicidad, del milagro que se da en una vida de tedio que puede cambiar el rumbo de la existencia. Smirnoff nos regala una historia auténtica, que parte de la sencillez, con una estética en perfecta armonía con el relato. La felicidad está en las pequeñas felicidades, las únicas que existen, como diría Sábato.
Rossana Díaz Costa
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