Paraiso (de Héctor Gálvez. Perú, 2009)

Director: Héctor Gálvez
Guión: Héctor Gálvez
Fotografía: Mario Bassino
Edición: Eric Williams
Sonido: Francisco Adrianzén
Dirección artística: Iván Lozano
Producción: Chullachaki Cine
Duración: 91 minutos
Año: 2009
Intérpretes: Joaquín Ventura, Yiliana Chong, se Luis García, Gabriela Tello, William Gómez
Ver Paraíso de Héctor Gálvez supone encontrarse con varias influencias de un cine extranjero que hasta ahora no se había hecho sentir en nuestra cinematografía. En Paraíso se hace presente una verdad y una frescura que yo, al menos, no había visto en muchos años en el cine peruano. Esos chicos que viven en los extramuros de la ciudad, sin dramatismo, que ríen, que sufren, que se alegran como cualquier otro adolescente, son chicos de verdad, y al decir esto, no estoy diciendo que todos los otros adolescentes que han aparecido en nuestro cine no lo son, pero a estos chicos sí les creo, están ahí, los conozco. Y el decir que los conozco es algo que me llena de alegría, porque en ellos están varios otros adolescentes que he visto en el cine que admiro y me inspira. Están los adolescentes de Truffaut, están los adolescentes de Abdellatif Kechiche, uno de los tantos hijos de Truffaut, están también algunos personajes de Abbas Kiarostami, uno de los principales herederos del neorrealismo, y claro, están entonces en perfecta consonancia la Nouvelle Vague y el Neorralismo, en su estética callejera, en su espontaneidad, en su sentido ético. Solo en las películas del Grupo Chaski de los años 80 se había dado esta fuerza, en aquellas películas de niños callejeros verdaderos, Gregorio (1984) y Juliana (1988). Pero ahora, estos niños son de una nueva generación, no son niños de la calle, tienen casa y padres, son los hijos de los que tuvieron que emigrar hacia la capital en los años ochenta escapando de la horrenda violencia en nuestro país, pero que no la vivieron. Para ellos, la violencia es un fantasma que vive en la casa a modo de pesadillas de la madre, a modo de historias inconexas y no dichas. Ellos, los nuevos limeños, son chicos que solo quieren tener una oportunidad en la vida en medio de la arena, arena atroz, como decía Eielson, que no alimenta niños ni animales.
Paraíso no solo es por eso una película necesaria en nuestro país, es una película que inaugura una etapa en nuestro cine que ojalá que tenga descendencia. Héctor ya había demostrado su interés por los problemas de aquellos que viven en el lado B de nuestra sociedad con el documental Lucanamarca, de lo mejor que se vio en el 2009. Con este, su primer largometraje de ficción, entra a competir con los grandes, aquellos que ven en el cine un instrumento para contar lo invisible, lo que sabemos pero que no podemos muchas veces expresar, y si no, presten atención a secuencias sencillas y potentes, como aquella en la que una de las chicas lleva papel higiénico y un frasquito de agua en su carterita (que ha llenado en un barril en la puerta de su casa, aquí no hay baños ni caños limpios), para poder limpiarse luego sus zapatos cuando llegue a la ciudad, para que nadie sepa que ella viene de aquella arena atroz. En la sencillez radica la belleza.
Rossana Díaz Costa
Pages: