Alamar, de Pedro González Rubio (México, 2009)
Director: Pedro González Rubio
Guión: Pedro González-Rubio
Fotografía: Pedro González-Rubio
Edición: Pedro González-Rubio
Música: Diego Bellinure, Uriel Esquenazi
Producción: Mantarraya
Año: 2009
Duración: 73 minutos
Intérpretes: Jorge Machado, Roberta Palombini, Natan Machado, Nestor Marín
Alamar es una experiencia sensorial y visual. Te atrapa en la belleza de su cielo y el color azul intenso de su mar. En el ruido de los remos en el agua y el cantar de los pájaros marinos. Sientes en la boca la sal del agua y puedes oler el pescado fresco a punto de ser comido. También, puedes sentir en la piel la humedad y el calor de un verano permanente. En medio de esta experiencia sensorial de colores hermosos y calor humano, está la historia de Jorge, un hombre joven que es padre, y Natan, su hijo pequeño a quien instruye en la sabiduría del mar y la vida antes de separarse de él. Algo así como El Viejo y el Mar pero sin Hemingway. Sobre todo por la ausencia de conflicto, que solo podemos entender al final de la película, cuando el niño tendrá que partir. Pero a pesar de esta ausencia de conflicto, Alamar es una película de raíces documentales y de influencia neorrealista que nos atrapa y conmueve, que nos inspira y nos deja en un feliz sopor marino. La tristeza de saber que ese niño tendrá que dejar ese paraíso con rumbo a Italia nos hace suponer que el director ha querido rescatar un lugar aún lejos de la civilización, donde la felicidad de la vida es más real y verdadera, porque la felicidad no está en los objetos ni las grandes gestas profesionales, está en el discurrir de la vida en un lugar que se debe parecer mucho al paraíso si es que este alguna vez existió, porque así me lo imagino yo, al menos, con aguas turquesas cristalinas mansas y arena blanca. No solo de las historias de grandes acciones y héroes está hecho el buen cine.
Rossana Díaz Costa
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