Vikingo, de José Campusano (Argentina, 2010)

Director: José Campusano
Guión: José Campusano
Musica original: Claudio Miño
Fotografía y cámara: Leonardo Padín
Producción: Cinebruto

Intérpretes: Rubén Orlando Beltrán, Armando Galvalisi, Franco A. González, Alejandro Méndez, Gabriel Rogelio Méndez, Natalia Rodríguez Gómez.

Cine Bruto es el nombre de la productora de José Campusano, el director de Vikingo. El nombre no es ninguna provocación, tampoco una burla, es un hecho. Vikingo, la película, está contada con fallas ortográficas, errores de normativa, manchones de suciedad, pero al mismo tiempo con garra y sorprendentes visos de originalidad. Por momentos parece la tarea incompleta de un alumno retraído pero inteligente, aquel apartado de la masa, que se sienta atrás, todo pelucón y metalero hasta la medula, de quien no esperas nada debido a su silencio sepulcral, y que de pronto te sorprende con un trabajo original acerca de un mundo que conoce más que el resto, evitando la caricatura o la obviedad de la radiografía estadística, y proponiendo la fundación de una mitología personal.

Vikingo (Rubén Orlando Beltrán) es Vikingo, un motero argentino, una leyenda de la ruta, un rey sin patria coronado con gorro de vikingo, sinónimo de otra era, donde la noción de aventura todavía era posible. Vikingo no avanza solo, va en comitiva, en bandada, la cual sólo se detiene cuando encuentra un lugar idóneo para vivir por un tiempo prolongado, sin que esto signifique perder el espíritu gregario y el sentido de comunidad. Moteros en el cine han habido muchos, desde el interpretado por Marlon Brando en El Salvaje (1953), pasando por los hippies de Easy Rider (1969) y el Sam Elliott de Mask (1985), mi preferido, hasta los que aparecen en aquel capítulo de Los Simpson en el que raptan a Marge para que les lave los calzoncillos. Todos siempre han sido un poco feos, sucios y malos (menos Brando), y algo de ese estereotipo aparece al inicio de Vikingo, pero pronto la película lo desecha para plantear una aproximación más autentica a este tipo de comunidad. Los moteros de Campusano huelen a verdad, a grupo humano con un código de ética y honor que hay que respetar como ley marcial, porque cuando se rompe, la sangre corre. Es un mundo violento, pero sin esta ética es aun peor. Campusano filma esta comunidad con la reverencia del discípulo, mientras que nosotros observamos todo un poco sorprendidos de encontrar esta lógica  ética en el lugar menos esperado.

Vikingo es entrañable como personaje, siempre está ahí para darle su apoyo a un amigo en problemas (con consecuencias fatales), y para moler a golpes a un hijo respondón. La familia para él es lo más importante, la cual protege como un lobo salvaje. El hombre tiene sus debilidades: las motocicletas, la grasa de motor, las mujeres, la cerveza Quilmes y el rocanrol. Vikingo es humano demasiado humano, y la falta de prolijidad de la escritura de Campusano hace que lo sintamos más cercano todavía. La verdad que destila el personaje de Vikingo no está escrita en papel, está evidenciada en un cuerpo, en una casaca de cuero, en unos cabellos largos.

Vikingo es el axis de esta historia (el director lo conoció años atrás mientras preparaba un documental y a partir de ahí perfiló la película que lleva su nombre), y Campusano es el director con pinta de metalero que está valiéndose de este personaje para construir una mitología muy particular, que no requiere ningún postizo FX digital, sólo el rugir de una legión de motocicletas encaminadas hacia el horizonte.

Enrique Vivar

Pages:

You must be logged in to post a comment.