MOSCÚ DE EDUARDO COUTINHO

Director: Eduardo Coutinho
Fotografía: Jacques Cheuiche, Alberto Bellezia
Edición: Jordana Berg
Sonido:
Valeria Ferro
Producción: Videofilmes
Duración: 80 minutos

Del teatro sabemos que las sociedades han sabido reservarlo como uno de sus espacios de reflexión, con la idea de que la colectividad se pueda mirar a sí misma. Coutinho hace en Moscú un ejercicio inverso: hace mirarse al teatro. La cámara de Coutinho desarticula dos zonas (íntimas) aparentemente nítidas y muy estrechas, como lo son el escenario y la sala, para mirar, sentir, escuchar y evaluar. Y en definitiva, hacer algo mucho más complejo: otorgar sentido a las interacciones. La cámara, como el gran arte, obliga, exige a los actores algo más que cumplir con determinados roles. Los  obliga a encontrarse permanentemente en representación, casi como si fueran vedettes, donde nada, incluso fuera del escenario, debe escaparse: ningún estado de ánimo, ninguna opinión, nade de sus vidas debe escapar a la cámara.
Lo particular de Moscú, más que explorar la línea entre la verdad y el rendimiento, es explorar el grado de configuración de la cámara y los grados de intervención del observador para otorgar sentido. Incluso los grados de complejidad que existen entre el uno y el otro: ejercicios de posición y puntos de vista, sistemas de interacción, el juego de adoptar el punto de vista del uno  y adoptar el punto de vista del otro, formas de alteridad, la cámara como un metasujeto, las diferencias de ver la actuación del otro y ver nuestro propio actuar como si fuera el actuar de los otros. Coutinho logra producir entre todos estos juegos un milagro, algo que rompe con la idea de representación: el simulacro de una presencia.

Jorge Ayala

Pages:

You must be logged in to post a comment.