WHISPER WITH THE WIND, un film de Shahram Alidi

Director: Shahram Alidi
Guión: Shahram Alidi
Dirección de fotografía: Touraj Aslani
Edición: Hayedeh Safiyari
Sonido: Asghar Abgoun
Dirección artística: Shahram Alidi
Producción: Gobierno Regional de Kurdistan / Ministerio de Cultura, Shahram Alidi
Intérpretes: Omar Chawshin, Maryam Boubani, Fakher Mohammad Barzani, Valid Marouf Jarou, Moharam Hossein Ghader, Bistoun Ali Ghader
País: Irak, Irán
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2009
Duración: 77 minutos
Idioma original: Kurdo
En una antigua y polvorienta carretera un destartalado coche se mueve lentamente. La luz del día empieza desvanecerse y las nubes en el cielo se vuelven cada vez más oscuras y amenazantes. El único sonido que se puede oír es el susurro del viento. El paisaje parece remoto y nos hace creer que estamos en una especie de tierra de nadie, perdida en el tiempo y la memoria. Pero no, estamos en un lugar específico: Irak, y tal vez porque sabemos (o apenas lo sabemos) de los terribles acontecimientos en su historia reciente nos damos cuenta de que en este desolado camino en verdad el mundo acaba.
Al volante de este coche hay un anciano, cuyos ojos azules estan llenos de una infinita tristeza. En un momento de agotamiento cierra sus ojos para descansar un segundo, pero sabemos que no lo puede hacer. Ha visto demasiadas cosas durante su vida y lleva a sus espaldas una maldición, la de aquel que sobrevive a sus hermanos, a su sangre. Sus ojos han sido testigos de lo peor, ha presenciado la guerra, ha visto como los más jóvenes eran asesinados y ha escuchado las plegarias de madres implorando al cielo por el improbable regreso de sus hijos. Él ha sido testigo de lo insoportable y no puede olvidar. En las profundidades de su alma lleva una marca, la de la historia de su país.
Un altavoz encima del coche repica voces hacia un cielo indiferente, transmitiendo mensajes, lamentos, oraciones personales, son cartas que no se pueden escribir, pero si gritarse al mundo, y este es el trabajo del anciano, grabar estas voces de duelo, como una especie de castigo eterno e infernal, porque, lo debemos recordar, el infierno está aquí, sobre la tierra. Estas ciudades desiertas, estos caminos llenos de olvido, no sólo están en Irak, sino en todo el mundo donde los conflictos armados han dejado a mucha gente desamparada, sin patria ni identidad. Confesar su dolor es una forma de alivio de sí mismos.
Al comienzo de la película hay una leyenda acerca del Anfal, el genocidio durante el régimen de Sadamm Hussein en la década de los ochenta, en el que casi 182, 000 kurdos fueron exterminados. Los hombres fueron enterrados vivos en fosas comunes y las mujeres maltratadas y enviadas a campos de trabajo, alejadas de sus propias casas y ciudades, dejando su historia detrás. Esta película es también una carta a los supervivientes (que también tuvieron que sufrir dos décadas de destrucción masiva, pero con un enemigo mayor: América), y lo que creo que es tan conmovedor de esta película es el uso del paisaje y la naturaleza para expresar el sufrimiento con poesía. Es muy interesante observar las consecuencias de la guerra y cómo afecta los espacios que se habitan. Presencias y ausencias que viven juntas, gritos y silencios que se unen en un solo espacio, expuestos al viento que lleva oraciones sin respuesta por la pérdida de más queridos. Esta atención al paisaje emocional parece querernos decir que el tiempo pasa, el polvo puede cubrir las cicatrices, pero el dolor permanecerá siempre igual.
Enrique Vivar
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