LOS PARANOICOS, un film de Gabriel Medina

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Director: Gabriel Medina
Guión: Nicolás Gueilburt, Gabriel Medina
Fotografía: Lucio Bonelli
Edición: Nicolás Goldbart
Sonido: Fernando Soldevila
Música: Guillermo Guareschi
Dirección artística: Sebastián Roses
Producción: Aeroplano S.A.
Intérpretes: Daniel Hendler, Martín Feldman, Walter Jakob, Jazmín Stuart, Verónica Perdomo, Miguel Dedovich
País: Argentina
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2008
Duración: 110 minutos

 

He vuelto a los ochenta con Los Paranoicos. He vuelto a través del pelo de Luciano (interpretado por el gran Daniel Hendler), a través de la música y ese baile en solitario. A través de la ropa de Luciano, de aquel poster de The Ramones y la fotografía de la película, entre oscura y rockera, incluso que nos remite un poco más allá, a un After Hours de Scorsese o incluso más acá, a un Contra la Pared de Fatih Akin, aunque sin las tripas y la rabia de este. Los Paranoicos es freakie y loca, es oscura y triste, es graciosa y casi judía en su humor, conmueve y sorprende al mismo tiempo, es una revelación saber, además, que es una ópera prima, porque su realización es limpia, el guión es complejo, las actuaciones son buenísimas. Nos cuenta la historia de dos amigos, uno, Luciano, con quien nos identificamos, que es un chico solitario que ya no es tan joven, pero que se niega a crecer (entre muchas cosas, tiene el mismo peinado y ropa que seguro tenía cuando era adolescente y este es su principal encanto). Luciano está escribiendo un guión que nadie sabe de qué trata y que realmente nadie ha visto nunca. Es, también, un poco paranoico, tiene miedos, dudas y le cuesta enfrentarse a la realidad. En cambio su amigo, Manuel, es un exitoso guionista de series de televisión en España (la serie se llama así, Los Paranoicos), y está en las antípodas de Luciano, con su éxito y seguridad. Pero tiene una novia que no es así, es más como Luciano, con la cual viene desde Madrid a visitar Buenos Aires porque va a hacerse la serie también ahí. Luciano descubre que hay un personaje inspirado en él en la serie y más cosas, que le duelen pero no puede expresar debido a su frustración. Su fracaso está evidenciado de manera límite en ese personaje que interpreta en las fiestas infantiles, que son hasta más tristes que él. Pero no por eso la película es trágica, el sentido del humor casi judío no lo permite, casi como en un Woody Allen versus Alan Alda en Crímenes y Pecados, y ahí está Luciano con su disfraz de monstruo de peluche, nervioso y paranoico, tratando de entender la vida adulta. Genial el momento de la revelación, aquel baile con Sofía, freakie, subte, dark otra vez, casi como aquel que hacía Robert Smith en el video-clip de la canción Caterpillar, imitando mariposas en la cara. Así, este es el espíritu de Los Paranoicos, es un espíritu musical ochentero, casi como el de Robert Smith, aquel adulto lleno de maquillaje en el rostro y pelos despeinados, abrazado de un oso de peluche y cantando canciones de amor frustrado, para no crecer, para seguir bailando sin responsabilidades y así poder ser  feliz.

Rossana Díaz Costa

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