LA EXTRANJERA, un film de Fernando Díaz

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Director: Fernando Díaz
Guión: Fernando Díaz
Dirección de fotografía: Mariano Cúneo
Dirección de arte: Sergio Hernández
Sonido: Pablo Isola
Montaje: Guille Gatti
Música original: Charlie Peronace Dalton
Producción: Fernando Díaz y San Luis Cine
Intérpretes: Arnaldo André, María Laura Cali, Roly Serrano, Norma Argentina
País: Argentina
Formato: 35 mm – COLOR
Año: 2008
Duración: 96 minutos

 

La Extranjera es una excelente película que por razones inexplicables no se encuentra en la Sección Oficial de competencia y que recomendamos con entusiasmo. El film nos cuenta la historia de María, una mujer argentina que ya no es tan joven, que limpia discotecas en Barcelona. Es una de las tantas inmigrantes que se tienen que buscar la vida en Europa. Ahí, entre música ensordecedora, luces de colores, oscuridad y humo, ella realiza su trabajo sola y en silencio. Porque lo cierto es que lo que más caracteriza desde un inicio a esta mujer es su soledad, que la hace fuerte y dura. Recibe una carta desde Argentina: ha muerto su abuelo y ha heredado una tierra en un pueblo perdido cerca de San Luis. Indio Muerto se llama el pueblo, y es desde el momento en que vemos el letrero de madera con el nombre del pueblo, aquellos arbustos casi sin vida en la mitad de algo muy parecido al desierto, ese sol que calcina y los rostros curtidos de aquellas personas tan alejadas de la ciudad, que sabemos que estamos entrando a un territorio cinematográfico muy parecido al western, pero en Argentina. Porque lo cierto es que los grandes aciertos de este film están en su lenguaje tan parecido a aquellas películas de seres que tratan de sobrevivir y luchan contra los elementos, siempre en soledad, en el desierto americano. Pero sin indios (aquí, el indio está muerto), sin sheriff (pero Arnaldo André funciona a modo de autoridad del pueblo, al ser el más rico), pero sí con vaqueros, gauchos y animales. Es por eso también que esta película es muy distinta a otras películas argentinas (lo dice el propio director), ya que estamos acostumbrados a ver films más citadinos, con personajes más cosmopolitas. María no solo tiene que aprender a sobrevivir en la mitad de la nada, alejada de las luces de las discotecas, también tiene que recordar cómo se hace la comida en hornos de piedra, tiene que vivir con lamparines y con un fusil a su lado por si alguien le quiere hacer daño: recordemos que es una mujer que está sola y que esta soledad la hace valiente. Es todo un aprendizaje de volver a la tierra, de volver al origen, es un enfrentarse a su pasado y un tomar conciencia de un futuro incierto, de su desarraigo en tierras lejanas. Nada más vital que esta mujer recibiendo con felicidad el sol en la cara echada sobre el barro, confundiéndose con la tierra que le dio vida. Porque lo cierto es que este regreso a su país supone un volver a un origen casi olvidado, pero que tal vez es lo único que le permite ser alguien en la vida. Aquí no tendrá que limpiar discotecas ni suelos ajenos, aquí tendrá que luchar contra la naturaleza de su propia tierra.

Rossana Díaz Costa

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