II. Una tarde con Mónica

No me quise perder la versión restaurada de La Aventura, el film de Michelangelo Antonioni que estaba programado en la sección Cannes Classics, (que ya de por si era un festival aparte de lo nutrida que era la selección). Como todos sabemos, fue en este mismo festival, allá por el año de 1960, que todo el mundo centró su atención en este audaz film, concediéndole el más importante espaldarazo internacional a la carrera del maestro italiano. Fue también la primera colaboración profesional del director con la en ese entonces joven Mónica Vitti, una relación que se prolongó hasta los años ochenta y que llegaría a su pico con El Eclipse, capítulo final de su famosa trilogía sobre la desazón existencial. Así que luego de los abrazos de Almodóvar y de un café buenísimo degustado en el interior del pabellón turco (donde casi conozco en persona a Nuri Bilge Ceylan, pero tuve que conformarme con una de la protagonista de Three Monkeys, porque el otro no llegaba y se hacía tarde), me fui volando a la salle Buñuel que ya estaba a oscuras y con un silencio de ultratumba, todos hechizados por el deambular de la Vitti, quien estaba a punto de adentrarse en la isla volcánica y de paso en la modernidad.
No veía La Aventura desde hacía muchos años atrás, así que descubrirla en Cannes fue todo un acontecimiento. Se podría decir que es el contexto ideal para verla y en verdad recién la pude entender y disfrutar en su totalidad; aparte de que la copia estaba tan impecable que parecía filmada ayer. Ante la ausencia de un homenaje explícito por parte del festival evocando el aniversario de Los 400 golpes y de paso la irrupción de la Nouvelle Vague en el cosmos cinéfilo (que al parecer ya a nadie le interesa demasiado), sólo destacó la presencia del extraordinario documental de Emmanuel Laurent Les Deux de la Vague, sobre los inicios del movimiento, encarnado en la compleja relación amical entre François Truffaut y Jean-Luc Godard. En este panorama un poco desolado, la revisión de La Aventura, actuaba como una especie de comentario pertinente respecto a la extensión de los límites cinematográficos y de cómo éstos re-definen el cine. Y es que de alguna manera la refrescante la modernidad de Antonioni se siente en la piel del espectador contemporáneo. Su riesgo artístico y personal, su particular reflexión acerca del tempo narrativo, sus encuadres limpios pero al mismo tiempo tan misteriosos son patrimonio de nuestro inconsciente cinematográfico, y su influencia está presente en todos los rincones de celuloide que Cannes presentó este año. Es un monumento por el que todos debemos pasar y contemplar perplejos. Que el festival haya utilizado un fotograma del film, con una Mónica Vitti observando cautelosa el horizonte, como imagen publicitaria del evento, es sintomático de su importancia y un pequeño guiño que se agradece.
La Aventura le hace honor a su título porque el cine estaba empezando a tentar terrenos poco familiares y sin brújula. Antonioni sugiere que no hace falta tener una y eso perturba aun más. Toda la secuencia de la isla sigue siendo tan enigmática como siempre y es perfecta, además de ser una relectura de la deriva esbozada por Roberto Rossellini en Viaggio en Italia, de la que se puede considerar es una especie de continuación. Sin embargo, el film tiene una segunda parte bastante amena, una vez que la investigación para encontrar a la desaparecida Lea Massari ha concluido y todos se regresan a su aburrida cotidianeidad. El tono del film cambia, se distiende, y Antonioni se dedica a desnudar las relaciones de la nueva aristocracia italiana de finales de los 50’s haciéndola añicos. La Vitti sigue perdida, en otra clase de isla, y no se da demasiada cuenta, aunque percibe que algo no está bien. Gabriel Ferzetti, su nuevo novio, tampoco ayuda mucho, la tolera poco y su cariño es postizo. Ella, se coge el cabello totalmente abúlica, contagiada del infernal aburrimiento que la rodea. Es el precio que tiene que pagar por el falso movimiento que acaba de hacer: intentar pertenecer a una clase social que no es la suya.
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