Cannes Revisited

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Es curioso pero resulta saludable abandonar una crónica de festival para luego volver a ella con aires renovados y con un mejor estado de ánimo. Como ya he mencionado antes, Cannes es un remolino que te arrastra hasta las nubes cual Dorothy del Mago de Oz, para luego abandonarte en la pradera medio zumbado. Cuesta volver a encontrar el camino a casa, pero finalmente lo consigues y cuando logras divisar a lo lejos un sendero conocido empiezas a sentirte más tranquilo y a reflexionar en paz. ¿Habrán sido justas mis palabras vertidas sobre las películas vistas con anterioridad? Quizás algunas sí y otras no tanto. El problema no radica en la exactitud de las palabras, sino en que si fuiste capaz de percibir los estímulos sensoriales propuestos por las películas, aunque te hayan gustado mas bien poco. Ser un espectador total, en resumen, o ejercitase para llegar a serlo. Cannes es un buen entrenamiento para este fin porque pones en práctica tu facultad de observación al máximo, que es la mejor arma para seguir el ritmo de un festival como éste, que tiene la densidad de un holograma y que reviste con una pátina de oro cada cosa que toca, en un pequeño instante de ilusión. Aquí el negocio del cine de arte se reinventa cada año bajo la forma de un bluff socialmente aceptado que compite con los demás festivales del mundo en ofrecer lo más exclusivo, lo nunca visto, lo mejor. La liga mayor (me refiero a la sección oficial), supervisada por Thierry Frémaux, tiene esa cualidad de portal hacia lo desconocido, cuya complejidad se basa en los altos estándares de su criterio de selección. Hay que experimentar la competencia oficial en toda su dimensión, aun con sus lagunas y puntos débiles, para entender el resto del show, incluyendo sus secciones laterales y demás zonas desconocidas, las cuales sólo sobrevuelas para captar su esencia. Estas ideas, como otras más, revolotean en tu cabeza durante todo el transcurso del festival, pero es luego que se asientan y empiezan a cobrar valor. Por eso se hace necesario el silencio para la reflexión. Las películas a medida que pasan los días crecen, se achican, se estiran y de repente en una conversación de lo más banal adquieren un significado más interesante del que tuviste al salir de una función. Este es otro proceso igual de valido que el periodístico porque le das la vuelta al calificativo inmediato e intentas trasmitir solapadamente la experiencia. Tal vez para algunos resulte risible retomar Cannes luego de haber finalizado unas tres semanas atrás y que todo el mundo sepa cómo acabó esta historia, quienes fueron los ganadores y cuáles fueron las particularidades del evento. Pero no. Se hace necesario finalizar lo empezado bajo otra óptica, en un intento de hacerle justicia a todo lo que viste y creíste entender. He aquí pues la conclusión de la aventura y espero sepan perdonar la tardanza. Voy a ahondar en mi enrevesado subconsciente y cogeré los fragmentos rotos para rearmarlos y presentarlos lo mejor posible. Aquí les va…

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