15.05.09 (Primeros films)

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Hoy, primera maratón de Cannes 2009 (luego del inevitable periodo de adaptación al festival). Antes de empezar creo conveniente contextualizar el mismo y las secciones que la integran, pues aparte de la competencia oficial (es decir los 20 títulos que compiten por la Palma de Oro con las últimas obras de cineastas ya consagrados como Resnais, Von Trier, Haneke, Almodóvar, Bellochio, etc., el festival ofrece muchas secciones paralelas con distinta curaduría, objetivo de mercado y total autonomía una de otra. Tenemos la Certain Regard, La Quinzaine des Réalizatours, la Semaine de la Critique, la Cam d´Or (para óperas primas), El Marché du Film, La Cinefondátion y la exquisita sección Cannes Classics (que este año tiene como invitado especial a Martin Scorsese que presenta una versión restaurada de The Red Shoes de Powell & Pressburger). Como se puede apreciar es imposible abarcarlo todo, y esto es algo que casi todos los que visitan el festival tienen muy claro, ves lo que el tiempo y la energía te permite.

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En nuestro caso que sabemos solo llegará a Lima un 2% de lo visto este año en Cannes, cada film es de suma importancia y tratas de comprenderlo según tu propio criterio y agudizando sentidos para percibir cómo reacciona el público del mundo (sí, el mundo entero está aquí, sin duda alguna). Tienes que armar tu propio festival arriesgando mucho o poco. Lo bueno del festival es que sabe jugar con la ansiedad del adicto al cine, y si no lograste entrar a la función inaugural de algún film lo puedes ver al día siguiente, en una especie de salvavidas llamado day after the screening, pensado  para aquellos que no poseen ni invitación ni smoking.

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Pero bueno, es momento de pasar a las películas empezando por la que más me impactó: Fish Tank, segundo largometraje de la directora inglesa Andrea Arnold, muy apreciada por la redacción de Ver o no Ver, quienes no paran de programar su extraordinario debut Red Road en cuanta muestra aparezca. Su última película viene a reforzar todas las esperanzas puestas en su persona. Como en Red Road, esta es una historia de vidas solitarias, feas y grises que habitan cual roedores en monoblocks gigantes y destartalados en los extramuros de la ciudad, y que al parecer sólo ella sabe filmar con mucha precisión. Sin embargo, esta historia de una adolescente perdida en el suburbio de mala muerte que habita, con una hermana menor que la insulta, una madre que la odia y el nuevo novio de ésta que la desea, nunca derrapa en el melodrama gratuito. Es cierto que esta historia de adolescente torturada ha sido transitada varias veces por el cine (en especial el inglés), pero a diferencia de Ken Loach o Mike Leigh, la Arnold se las arregla para hacer de Fish Tank una experiencia cinematográfica alucinante. Muy atenta al ritmo corporal de sus protagonistas (que nunca cesan de bailar, gritar y correr) y a la manera de filmar los espacios que habitan (edificios desolados, suburbios de cartón…) el film posee un sello visual que lo unifica y lo hace casi perfecto. Mia, la protagonista, tiene un poco de Rosetta, un poco de Mouchette, flaquea pero no claudica, está en movimiento constante, es pura energía que no deja de moverse porque de hacerlo muere. Es una sobreviviente.

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Spring fever, la segunda película presentada en competencia, del chino Lou Ye, autor de la impactante Summer Palace, es todo un raid acalorado por las relaciones afectivas de un grupo de personajes en la china contemporánea, y único cuyo link conector es el sexo acalorado (versión homosexual, heterosexual y bisexual, casi en ese orden). Pasa de ser un triangulo entre un tipo sexualmente muy liberado, su amante casado y la mujer de éste, para convertirse en un quinteto que incluye al tipo que espía la relación adúltera y a su chica. La película empieza con una fuerza arrebatadora, con teléfonos celulares que captan y espían todo lo que se mueve. En verdad es una historia de folletín pero filmada con frenetismo. Pero, poco a poco la historia pierde mucha fuerza y se enreda tal cual la confusión de sus personajes. Al final hay una especie de viaje utópico en el que los sobrevivientes del drama viven, follan y lloran en igual medida, mientras solapadamente el director indica que la contemporaneidad de su país puede verse de forma muy clara observando el comportamiento sexual de sus ciudadanos.

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La restauración y presentación a un nuevo público de joyas de la historia de cine (y de paso fomentar su distribución comercial), es uno de los objetivos de Cannes Classics. Este año tiene desenterrados varios tesoros como por ejemplo Loin du Vietnam (1967), documental realizado a varias manos y que reunió en su momento a cineastas abiertamente politizados y comprometidos a denunciar los pecados del sistema como fueron Chris Marker (en su etapa SLOAN), Jean Luc Godard, Agnes Varda, Jori Ivens, Alain Resnais William Klein, entre otros y que ponía en alerta al mundo de la masacre que en ese momento estaba ocurriendo en Vietnam y como esa Norteamérica que estaba “lejos” entendía el tema. Un film absolutamente imprescindible para quienes quieran descubrir el cine militante en la que quizás fue la época más abiertamente politizada del cine.

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Air Doll, del japonés Kore-eda (el mismo de Nobody knows, su mejor film) y presentada dentro de la sección Un Certain Regard, es una tontería, que reconozco haber padecido más debido a una urgencia de ir al baño muchas horas postergada y la imposibilidad de salir para evitar hacer ruido y no ganarme el odio de la sala que al parecer si gustó de la película.  Es una historia un poco tonta sobre una muñeca sexual inflable que cobra vida de la nada y que se interroga sobre su condición de muñeca de uso (y abuso), y también, de paso, sobre el amor. Probablemente sea una crítica a algo (¿los fabricantes de muñecas inflables?) o quizás no sea nada de nada, como la carrera de Kore-eda. Descartable.

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Jane Campion is back! Y lo digo con toda emoción, Bright Star para quien esto escribe fue una oportunidad de ver la madurez de una cineasta por quien tengo mucha admiración y que sigo desde sus inicios. Bright Star es puro placer sensorial, casi una suma de lo mejor de la cineasta. Campion ha conseguido realizar un film acerca de lo poético, no solo porque se trata de dar a conocer la relación entre el poeta inglés John Keats y la joven Fanny Brawne, sino porque su tratamiento es absolutamente consciente de buscar lo bello en la forma, el ritmo, la estética. Pocas veces el cine ha sido es capaz de representar el amor, o mejor dicho la dicha del amor de una forma tan delicada y al mismo tiempo depurada. Aquí sentimos el amor en una puesta de sol, en una flor que nace o hasta el vuelo de unas cortinas agitadas por el viento. Muchas lágrimas. Una obra maestra a la que volveré más adelante.

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Al final, luego del llanto, sales a la realidad y te encuentras con ese otro Cannes de revista tan lejano de la sutileza y los picos emotivos de la Campion. Los smokings y vestidos de gala se pasean por doquier y no sabes muy bien qué demonios haces ahí, y aunque que no es mi mundo trato de pasear entre ellos solo para ensayar mi Bon Soir, que cada día me está saliendo mejor.

Enrique Vivar

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