CLIMA EXTREMO. Crónica de una relación en problemas

Por J. Hoberman/Traducción de Carlos Zevallos Bueno
Inscrita en la tradición de un Michelangelo Antonioni, Climas narra el fin de una relación y esa suerte de humareda confusa que, como signo del desastre humano, persiste sobre los escombros. El filme confirma al turco Nuri Bilge Ceylan, de 47 años, como uno de los directores más relevantes del planeta. Acabada la proyección, uno siente que el tema no había sido abordado nunca antes.

Profesionales urbanos en vacaciones: Bahar es una amargada directora artística, de veintitantos años, que trabaja para la televisión; Isa es un docente universitario, de carácter despótico, dos décadas mayor que ella. La secuencia de apertura oscila entre unos primeros planos de Bahar, cerradísimos, bajo un sol veraniego, y largas tomas de Isa, a quien apenas percibimos entre las columnas de unas ruinas romanas que él fotografía, con el objeto de ilustrar una conferencia que aún no ha terminado de escribir. ¿Qué está mirando la mujer? ¿Qué está buscando el hombre?

Personajes solitarios y recluidos, su rompimiento no se halla del todo consumado pero, sin duda, está en marcha. Climas construye un entramado emocional y narrativo más complejo que el de Distante, película que Ceylan estrenó en 2003 y, en la cual, un hombre rústico se mudaba a la casa de su primo urbano, en extremo indiferente. El tono de Climas es meditabundo, y el ritmo de su narración, fluido. (Sentada en la playa, Isa piensa en lo que ha de decir para romper con Bahar, y lo que está pensando empalma con la conversación viva, en curso, que ambos están sosteniendo). Ocurre un dramático accidente motociclístico, que arrastra su inevitable carga simbólica, pero el rompimiento de la pareja, antes que malenquistado, es mediocre. Si la situación se torna extraordinaria, se debe a la manera en que Ceylan utiliza el paisaje: en una suerte de contrapunto. Así, de un centro de descanso a orillas del Mar Negro, la historia enrumba a Estambul y, de ahí, se traslada a los campos invernales del este de Turquía.

Las imágenes de Climas son íntimas y desbalanceadas, magistralmente capturadas en vídeo de alta definición. Ceylan se concentra en el comportamiento humano a pequeñísima escala: si no fuese por una mezcla de sonido a tal punto aguda y trabajada que hasta los cigarrillos crepitan, uno podría preguntarse si aquel no ha dirigido una película muda. Los mejores momentos de Climas exploran las reacciones de un personaje ante la aparición absolutamente inesperada del otro: una mirada incisiva y vigilante, atemorizada y retadora, es la señal de la crisis. Alienación real. Ambivalencia universal. (El meollo de la condición humana, según lo describió Marilyn Monroe, en Luces de candilejas[1]: “Una vez que has obtenido lo que querías, ya no lo quieres”). De nuevo soltero, Isa visita sin previo aviso a su ex pareja; entonces, Bahar no sabe si responderle con hostilidad o con histeria; tras unos forcejeos preliminares, él finalmente la arroja al suelo y la sujeta con firmeza.

Climas está jalonada de metáforas al parecer “naturales” —la fea cajita musical que Isa le entrega a Bahar, o el terremoto que este mira por televisión—; muchas de ellas de índole “meteorológica”. A un colega, Isa le dice que irá al sur, de vacaciones, pues necesita “un buen clima”; a continuación, lo vemos en un campo cubierto de nieve, donde, según ha escuchado, Bahar se encuentra, en plena filmación, trabajando. (En Climas, abundan los cara a cara notabilísimos; en uno de estos, Bahar espera en una camioneta, de pronto Isa la arrincona y le pide que sea su esposa; detrás de ellos, el equipo de filmación sigue ordenando sus herramientas de trabajo).

El director Nuri Bilge Ceylan interpreta a Isa, y la esposa del director, Ebru Ceylan, a Bahar. Estos datos son cruciales, pues nos presentan a Climas no tanto como un sicodrama confesional sino, más bien, como un ejercicio de actuación harto profesional. El cineasta no quiere dejar ninguna duda de que su personaje es odioso pero sin energía, agresivo al mismo tiempo que pasivo, autocomplaciente; por su parte, el personaje que interpreta su esposa, posee una vida interior excluyente, subjetividad de la que apenas tenemos algunos vislumbres, merced a unos primeros planos de gestos minúsculos, casi imperceptibles, que describen sus estados de ánimo, pero, en especial, merced a un par de escenas oníricas.

El final es maravilloso; el final se concentra, otra vez, en las facciones de Isa. La nieve cae; la nieve acaso sustituya a unas lágrimas no lloradas, contenidas.

Extraído del Village Voice
[1] El título original es There´s No Business Like Show Business (1954). Drama musical, dirigido por Walter Lang. (N.d.T.)
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