RETRIBUTION, UN FILM DE KIYOSHI KUROSAWA
Kurosawa no cesa de hacer pliegues. Su cine, rasgado y rizomático, no remite a una esencia ni a una lectura sustancial. Se curva y se recurva. Como el Barroco, remite a una función operatoria y se prolonga hasta el infinito. Se nos escapa constantemente de las manos y encuentra su materialidad en la física: si algo caracteriza la acción policial es su afinidad con el vacío. La figura del detective permanece siempre agujereada y se constituye en aquello que Lacan denominó “el callejón sin salida”: el sujeto se establece en la rivalidad y la identificación con la imagen de El Otro: El Fantasma.
Y con el fantasma Kurosawa elude en Retribution la cuestión de lo simbólico para convertirse una vez más en laberinto múltiple y trazar, como el origami, a su modo, un genuino arte del pliegue.
