LA DESCONOCIDA, UN FILM DE GIUSEPPE TORNATORE

El invierno resalta el gris de la ciudad, los metales y el concreto. Una mujer alquila un cuarto, no lo llena de cosas, incluso no se instala del todo. Observa por la ventana el edificio del frente, en las noches, como una lechuza alimentando la obsesión por su presa. Durante el día, despliega toda fuerza para ingresar y empaparse del ambiente de ese edificio, hasta infiltrarse en forma de la encargada de limpieza. Refugiada en su guarida, teje un plan determinante; su ajedrez va en busca de las piezas de sacrificio; sonreír cuando es necesario, hablar poco y en lo posible con nadie; aventurarse a mentir hurgando lo suficiente para no levantar sospechas: aparece un antiguo fantasma de otra mujer, ella misma.

El verano asoma tímido, estimulado por la sinuosidad de una fresa, esta mujer la muerde; y el espejo interior la lleva a una época donde sus más hermosos recuerdos hacen equilibrio con el color naranja de las llamas del infierno, el sol azota su memoria con sorda crueldad, mientras se deja besar por el amor imposible. Infame calor para acariciar su invierno.

Los espasmos de su vida anterior se robustecen intercalados en la rapidez de las imágenes en circuito cerrado: su guarida, el edificio, las calles. La desmesurada solidez de la música se dispara intrépida, trémula constructora de puentes interiores entre cada estación.

Esta mujer es Irena, la desconocida.


Jose Vera Visagel
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