Festival de Lima 2010

MENTIRAS Y GORDAS DE ALFONSO ALBACETE Y DAVID MENKES (2009)

Director: Alfonso Albacete y David Menkes
Guión: Alfonso Albacete,  David Menkes, Ángeles Gonzales-Sinde
Fotografía: Alfredo F. Mayo
Edición: Fernando Pardo
Música: Juan Carlos Molina, Juan Manuel Sueiro
Dirección artística: Federico G. Cambero
Producción: Gerardo Herrero
Duración: 107 minutos

Intérpretes: Mario Casas,  Ana de Armas,  Yon González,  Hugo Silva,  Ana María Polvorosa,  Alejo Sauras,  Marieta Orozco,  Asier Etxeandia,  Miriam Giovanelli,  Esmeralda Moya,  Marilyn Torres,  Elena de Frutos,  Maxi Iglesias,  Duna Jové,  Xacobe Sanz,  Clara Pradas.

Ni grandes directores ni un gran descubrimiento. Esta es una presentación especial que descubre lo que pocos, poquísimos, pueden hacer muy bien: algo de sabiduría para penetrar en una generación. Mentiras y gordas, dirigidas por Alfonso Albacete y David Menkes, fue número 1 de taquilla en España, usando argumentos demasiado vulgares para definir a sus adolescentes y atraer al público. Mentiras y gordas tiene mucho sexo, muchas drogas, muchas mujeres desnudas y mucha fiesta. Es un retrato demasiado estúpido acerca de un grupo de jóvenes canibalizados hasta el ardor. Resulta complicado imaginar esta película dentro del marco de presentaciones especiales de un festival. No tenemos demasiado tiempo y resulta caro perderlo en películas como esta. Hay que investigar un poco más y definir criterios en la inclusión de películas en secciones tan importantes.

Jorge Ayala

Dos hermanos, de Daniel Burman (Argentina, 2010)

Director: Daniel Burman
Guión: Daniel Burmán, Sergio Dubcovsky, Marcelo Birmajer, adaptación de la novela Villa Laura de Sergio Dubcovsky
Fotografía: Hugo Colace (ADF)
Edición: Pablo Barbieri
Música: Nicolás Cota
Dirección artística: Margarita Tambornino
Producción: BD Cine
Duración: 105 minutos
Intérpretes: Graciela Borges, Antonio Gasalla, Elena Lucena, Omar Nuñez, Rita Cortese

¿Qué puede resultar cuando se juntan las almas y la influencia de dos personalidades tan distintas como la de Woody Allen y la de Manuel Puig? He creído observar y disfrutar sin complejos la respuesta viendo Dos hermanos, la última cinta del extraordinario director argentino Daniel Burman. Sí, porque aunque la historia es una adaptación de la novela Villa Laura de Sergio Dubcovsky, parece haber sido escrita con el pulso de alguno de los libros de Manuel Puig y las mismas lógicas que mezclaba para caracterizar, y sobre todo, para relacionar a sus personajes. Porque Burman más que diseñar el carácter de un personaje, se preocupa por relacionarlos. Esto es lo que hace con Antonio Gasalla y Graciela Borges, dos grandes actores a los que se atreve a homenajear incluso dentro de la película. Marcos (Gasalla) y Lucrecia (Borges), sostienen un duelo entre dos lógicas, dos permanentes modos de crecimiento y desarrollo, son personajes que suceden como campos de acontecimientos y modalidades de transformación en la familia. (Hay una secuencia extraordinaria en que Marcos y Lucrecia espían a los vecinos usando unos vasos para filtrar el sonido, comenzando un duelo que desnuda recuerdos y resentimientos del pasado en la familia. Marcos ha empezado a frecuentar a su hermana luego de perder a su madre, la mujer a la que acompañó toda su vida, viviendo una relación de dependencia muy particular, casi adolescente y formativo. (Gasella se luce en el papel.) Una vez más Burman se detiene a definir, como sucede en Derecho de Familia y El nido vacío, una poética y micro política de las tensiones y el cambio familiar a través de las pulsiones, deseos, fantasías, rituales privados, chismes, deudas y traiciones de sus personajes. Como lo hizo siempre Puig (un saqueador de intimidades), son sujetos confiables y adorables como Marcos, otros extravagantes, con tendencias a la impostura y la manipulación, como Lucrecia. De Allen, Burman aprendió el género, a escribir muy bien sus diálogos, a caracterizarlos a la perfección como en el high comedy americano.

Burman es un cineasta extraordinario. Hay que acercarnos sin complejos y la provocación será total. Un placer absoluto.

Jorge Ayala

NOSTALGIA DE LA LUZ, de Patricio Guzmán (Francia, España, Chile, Alemania, 2010)

Director: Patricio Guzmán
Guión: Patricio Guzmán
Fotografía: Katell Djian
Edición: Patricio Guzmán, Emmanuelle Joly
Sonido: Freddy González
Música: Miranda & Tobar
Producción: Atacama Productions
Duración: 90 minutos

El tiempo. Acerca de él han pensado los hombres desde el inicio. El tiempo que pasa y luego recordamos, la memoria de lo vivido, el tiempo que aún nos queda por vivir, siempre con la amenaza de la muerte, la mayor prueba de que el tiempo pasa y no perdona. De tiempo estamos hechos y en el tiempo vivimos. Nostalgia de la luz, el último documental de Patricio Guzmán, nos cuenta las consecuencias de la dictadura de Pinochet desde otro punto de vista. El paso del tiempo no ha amilanado a aquellas mujeres que buscan a sus hijos y esposos desaparecidos. Pero cuando la búsqueda se da en un desierto esta se convierte en casi una tarea imposible, porque, como dicen los físicos, es como buscar a alguien en el espacio. Según estos físicos, somos ya pasado y aquello que consideramos el presente realmente no lo es tal. Es como vivir esperando a la muerte, que es lo único que tenemos la certeza que sucederá. En el desierto de Atacama, un grupo de mujeres chilenas siguen buscando a sus muertos, luchando contra el olvido y el tiempo que pasa. En el mismo desierto, unos físicos estudian el espacio y el concepto del tiempo en términos físicos, a través de los cuales los seres humanos nos convertimos en pequeñísimas piezas sin importancia dentro del cosmos, casi astillas perdidas en un desierto, como aquellos huesos en las fosas comunes de la dictadura, llenas de astillas confundidas que están esperando que alguien les dé algún día un entierro digno. El tiempo y la memoria es lo que le preocupa a Guzmán, y la nostalgia lo que lo mueve y lo lleva una vez más a pedir atención hacia un tiempo que muchos han olvidado. Sin memoria histórica un país no existe, y Guzmán se ha ocupado de ofrecérsela a los chilenos a lo largo de muchos años.

Rossana Díaz Costa

Rompecabezas, de Natalia Smirnoff (Argentina, 2010)

Director: Natalia Smirnoff
Guión: Natalia Smirnoff
Fotografía: Barbara Álvarez
Edición: Natacha Valerga
Música: Alejandro Franov
Dirección de arte: María Eugenia Sueiro
Producción: Carrousel Films, La Ninas Pictures
Año: 2010
Duración: 88 minutos

Intérpretes: Maria Onetto, Gabriel Goity, Arturo Goetz, Henny Trailes, Felipe Villanueva.

Ópera prima de colores cálidos y una sencillez que conmueve. Esta es la historia de María del Carmen, un ama de casa como muchas, con un marido que pide su queso a la hora de siempre y dos hijos adolescentes que también piden comida a su madre a la hora de siempre. La familia tradicional con un pater familias que trae el dinero a la casa para que la madre lo administre y cuide del hogar y de la familia. Aquí, el pater familias vende bujías y la madre arma rompecabezas en sus ratos libres. Pero los arma muy bien, es un as de los rompecabezas, aunque sin método ni estilo, sino solo con innata habilidad para ellos. Los hijos, uno a punto de independizarse y el otro con una novia un poco new-age, que le enseña a comer comida vegetariana en una Argentina carnívora y que lo anima a viajar a la India. Así transcurren los días para María del Carmen, que se envejece en el tedio y la servidumbre hacia su familia de hombres que, además, no le prestan mucha atención. Hasta que un día ocurre el milagro: alguien cuelga un aviso en la tienda donde venden rompecabezas, alguien que necesita un compañero/a para competir en un concurso. Y ese alguien es un hombre, un heredero de alguna de esas antiguas y tradicionales familias argentinas que aún mantiene la estirpe y la cultura, y que, al parecer, no tiene que mancharse las manos para vivir con todas las comodidades. Así es como nuestra ama de casa llega a una especie de casa-palacio llena de obras de arte, donde al fin alguien la servirá a ella, porque ahí hay una sirvienta que le pregunta si quiere té o café y, al fin, después de años, siente que alguien la atiende. No solo eso, este hombre tiene la misma afición de ella, y la lleva no solo por los conocimientos profundos de los rompecabezas, sino que le ofrece libros y una cultura que entre quesos y bujías eran inaccesibles a ella. Y aquí, en esta casa-palacio a las afueras de Buenos Aires ella es feliz todas las tardes. Este hombre se convierte en un amante con quien no se toca y a quien ve a escondidas, y así hasta ganar el concurso a nivel nacional. Y de esto se trata finalmente Rompecabezas, de la libertad y la felicidad, del milagro que se da en una vida de tedio que puede cambiar el rumbo de la existencia. Smirnoff nos regala una historia auténtica, que parte de la sencillez, con una estética en perfecta armonía con el relato. La felicidad está en las pequeñas felicidades, las únicas que existen, como diría Sábato.

Rossana Díaz Costa

Los Labios, de Santiago Loza e Iván Fund (Argentina, 2010)

Directores: Santiago Loza – Iván Fund
Guión: Iván Fund, Santiago Loza
Fotografía: Maria Laura Colasso
Edición: Lorena Moriconi
Música: Iván Fund, Lisandro Rodríguez
Dirección de arte: Adrián Suárez
Producción: Morocha Films, Tres Sonido, HD Argentina SA
País: Argentina
Año: 2010
Duración: 104 min.

Intérpretes: Eva Bianco, Victoria Raposo, Adela Sánchez, Raúl Lagger

Tres mujeres. Sin nombre, sin pasado, sin aparente relación. Son rostros solamente. Tres mujeres en distintas etapas de la vida: una ya madura, la otra en transición hacia la madurez, y la última, la más joven, aún sin una historia escrita en el rostro. La zona es rural, una provincia del norte de Argentina, y la misión es médica. Hay una locación en particular, un hospital abandonado, derruido, donde las Tres Mujeres pernoctan, se asean y preparan sus reportes médicos. Los datos son escalofriantes. Malnutrición en los niños, embarazos en riesgo, enfermedades en estado avanzado sin tratamiento alguno. La salubridad pública no llega a estos parajes alejados, o llega tarde y mal, cuando lo grave es ya irreparable. Los rostros que se esconden detrás de las tasas informativas, los porcentajes y las conclusiones, son los de la gente abandonada del mundo, aquellos que están de espaldas a todo y a todos. De vez en vez estas  Tres Mujeres salen a ventilarse un poco de tanta realidad, sobre todo al anochecer. Al bar de la ruta. Tampoco las conocemos más porque vistan otras ropas para salir, ni porque sus labios ahora estén de color rojo carmesí, delineados. No, los rostros siguen sin nombre, sin pasado y sin aparente relación. Pero el vínculo entre ellas es cada vez más fuerte, mientras los días se alargan y se suceden unos a otros de forma interminable, como en una larga condena, como en una especie de prisión al aire libre. Son un núcleo, que se asiste, que se retroalimenta en uno que otro abrazo, cuando el trabajo es agotador y la fiebre invade y las lagrimas se desbordan. Son Tres Mujeres como en una trinidad protectora. Son un rito diario, una compañía necesaria frente a la realidad experimentada en directo, sin maquillaje, desoladora.

Todo en Los Labios funciona como en un documental rutinario, pero está muy lejos de serlo. La información es documentada al detalle, como en un informe burocrático, pero el misterio permanece agazapado entrelíneas, en la ambigua transparencia de la puesta en escena del film. La ficción, enquistada en los cuerpos de estas mujeres,  en sus rostros, en sus rutinas diarias, en un evidente juego actoral desprovisto de manierismos, es invadida por el testimonio en crudo de una investigación que cae con la fuerza de un meteorito, como marcando un territorio necesario. Es  como si uno necesitara del otro para existir completamente. El documental está frente a la ficción  y viceversa, ambos fascinados por la potencia de sus herramientas expresivas. Ambos registros están frente al otro para que se geste la dialéctica, la reciprocidad, cosa que sucede de manera magistral.

Los Labios es un film difícil de seguir, es un enunciado teórico que sin embargo posee la claridad de una escritura díafana, como lo buscaban los primeros neorrealistas. La belleza de la convivencia de ambos lenguajes es necesaria para que el mundo y el hombre puedan y deban ser comprendidos mejor. Rossellini y Cassavetes estarían contentos si la viesen.

Enrique Vivar

Alamar, de Pedro González Rubio (México, 2009)

Director: Pedro González Rubio
Guión: Pedro González-Rubio
Fotografía: Pedro González-Rubio
Edición: Pedro González-Rubio
Música: Diego Bellinure, Uriel Esquenazi
Producción: Mantarraya
Año: 2009
Duración: 73 minutos

Intérpretes: Jorge Machado, Roberta Palombini, Natan Machado, Nestor Marín

Alamar es una experiencia sensorial y visual. Te atrapa en la belleza de su cielo y el color azul intenso de su mar. En el ruido de los remos en el agua y el cantar de los pájaros marinos. Sientes en la boca la sal del agua y puedes oler el pescado fresco a punto de ser comido. También, puedes sentir en la piel la humedad y el calor de un verano permanente. En medio de esta experiencia sensorial de colores hermosos y calor humano, está la historia de Jorge, un hombre joven que es padre, y Natan, su hijo pequeño a quien instruye en la sabiduría del mar y la vida antes de separarse de él. Algo así como El Viejo y el Mar pero sin Hemingway. Sobre todo por la ausencia de conflicto, que solo podemos entender al final de la película, cuando el niño tendrá que partir. Pero a pesar de esta ausencia de conflicto, Alamar es una película de raíces documentales y de influencia neorrealista que nos atrapa y conmueve, que nos inspira y nos deja en un feliz sopor marino. La tristeza de saber que ese niño tendrá que dejar ese paraíso con rumbo a Italia nos hace suponer que el director ha querido rescatar un lugar aún lejos de la civilización, donde la felicidad de la vida es más real y verdadera, porque la felicidad no está en los objetos ni las grandes gestas profesionales, está en el discurrir de la vida en un lugar que se debe parecer mucho al paraíso si es que este alguna vez existió, porque así me lo imagino yo, al menos, con aguas turquesas cristalinas mansas y arena blanca. No solo de las historias de grandes acciones y héroes está hecho el buen cine.

Rossana Díaz Costa

Paraiso (de Héctor Gálvez. Perú, 2009)

Director: Héctor Gálvez
Guión: Héctor Gálvez
Fotografía: Mario Bassino
Edición: Eric Williams
Sonido: Francisco Adrianzén
Dirección artística: Iván Lozano
Producción: Chullachaki Cine
Duración: 91 minutos
Año: 2009

Intérpretes: Joaquín Ventura, Yiliana Chong, se Luis García, Gabriela Tello, William Gómez

Ver Paraíso de Héctor Gálvez supone encontrarse con varias influencias de un cine extranjero que hasta ahora no se había hecho sentir en nuestra cinematografía. En Paraíso se hace presente una verdad y una frescura que yo, al menos, no había visto en muchos años en el cine peruano. Esos chicos que viven en los extramuros de la ciudad, sin dramatismo, que ríen, que sufren, que se alegran como cualquier otro adolescente, son chicos de verdad, y al decir esto, no estoy diciendo que todos los otros adolescentes que han aparecido en nuestro cine no lo son, pero a estos chicos sí les creo, están ahí, los conozco. Y el decir que los conozco es algo que me llena de alegría, porque en ellos están varios otros adolescentes que he visto en el cine que admiro y me inspira. Están los adolescentes de Truffaut, están los adolescentes de Abdellatif Kechiche, uno de los tantos hijos de Truffaut, están también algunos personajes de Abbas Kiarostami, uno de los principales herederos del neorrealismo, y claro, están entonces en perfecta consonancia la Nouvelle Vague y el Neorralismo, en su estética callejera, en su espontaneidad, en su sentido ético. Solo en las películas del Grupo Chaski de los años 80 se había dado esta fuerza, en aquellas películas de niños callejeros verdaderos, Gregorio (1984) y Juliana (1988). Pero ahora, estos niños son de una nueva generación, no son niños de la calle, tienen casa y padres, son los hijos de los que tuvieron que emigrar hacia la capital en los años ochenta escapando de la horrenda violencia en nuestro país, pero que no la vivieron. Para ellos, la violencia es un fantasma que vive en la casa a modo de pesadillas de la madre, a modo de historias inconexas y no dichas. Ellos, los nuevos limeños, son chicos que solo quieren tener una oportunidad en la vida en medio de la arena, arena atroz, como decía Eielson, que no alimenta niños ni animales.

Paraíso no solo es por eso una película necesaria en nuestro país, es una película que inaugura una etapa en nuestro cine que ojalá que tenga descendencia. Héctor ya había demostrado su interés por los problemas de aquellos que viven en el lado B de nuestra sociedad con el documental Lucanamarca, de lo mejor que se vio en el 2009. Con este, su primer largometraje de ficción, entra a competir con los grandes, aquellos que ven en el cine un instrumento para contar lo invisible, lo que sabemos pero que no podemos muchas veces expresar, y si no, presten atención a secuencias sencillas y potentes, como aquella en la que una de las chicas lleva papel higiénico y un frasquito de agua en su carterita (que ha llenado en un barril en la puerta de su casa, aquí no hay baños ni caños limpios), para poder limpiarse luego sus zapatos cuando llegue a la ciudad, para que nadie sepa que ella viene de aquella arena atroz. En la sencillez radica la belleza.

Rossana Díaz Costa

FRANCIA, de Israel Adrián Caetano (Argentina, 2009)

Director: Israel Adrián Caetano
Guión: Israel Adrián Caetano
Música: Iván Wyszogrod
Dirección de arte: Pablo Tanno, Ángel Suparregui
Edición: H. O. Ester
Fotografía: Julián Apezteguía
Producción: La Expresión del Deseo
País: Argentina
Año: 2009
Duración: 78 minutos

Intérpretes: Natalia Oreiro, Lautaro Delgado, Monica Ayos, Mex Urtizberea, Francisca Mauas, Susana Pampón, Daniel Valenzuela, Rogelio Gracia, Lola Berthet, Augustita Lecuona, Milagros Caetano.

Desde sus primeras películas, Pizza, Birra, Faso (1998), Un Oso Rojo (2002) y la extraordinaria Bolivia (2001), Caetano se ha caracterizado por mostrarnos a personajes que pertenecen al lado B de la sociedad: los desclasados, los que no tendrán nunca una verdadera oportunidad, los que pierden incluso antes de intentarlo. En Francia, su última película, Caetano nos cuenta una historia con un estilo muy distinto a sus anteriores películas. Aquí ya no está aquella cámara visceral de antes, pero sí la misma preocupación social. Una vez más, estamos ante aquellos que ya han fracasado de antemano, personajes que nunca viajarán para escapar porque no pueden, porque tal vez ni siquiera saben cómo: ellos nunca llegarán a Francia. Este país se convierte, entonces, en la metáfora de lo que nunca conocerán algunos, porque la sociedad los ha relegado a sus casas viejas, a sus deudas, a sus trabajos precarios, a sus intentos frustrados de sobrevivir con dignidad. En Francia, hay una niña que vive con sus padres separados pero que están en la misma casa debido a los problemas económicos, y la niña les hace fotos con un celular, fotos que se convierten en su confusa memoria familiar. Caetano también nos regala un poema escrito en las imágenes, donde nos explica lo que es Francia: esa tierra de la ilusión que no está permitida para todos.

Rossana Díaz Costa

DE ESPALDAS AL MAR, de Guillermo Escalona (España, 2009)

Director: Guillermo Escalona
Guión: Guillermo Escalona, Silvia Ibáñez, Constanza Fernández
Director de fotografía: José Luis Salomón
Dirección de arte: Joan Cuevas Pareras
Montaje: Sagrario Perpiñán
Año: 2009
Duración: 82 minutos

Interpretes: Alejandra Moffat, Cristina Perales, Rosanna Espinós, Ximo Solano, Pilar Almería, Romano Kottow, Manuel Melero

Es un fin de semana durante un verano demasiado caluroso en Valencia, que se ha convertido en casi una ciudad fantasma, donde solo han quedado aquellos que no han querido ir a la playa. Algunas de estas personas que le han dado la espalda al mar son mujeres: una de ellas, una adolescente que decide tener un aborto; la segunda, una mujer joven, que además es madre y ha perdido el amor por el padre de su hijo. Hay también una tercera, un ama de casa ya madura que no tiene hijos pero sí una mascota, que pronto desaparecerá sin dejar rastro. Las tres se sienten solas en este verano insoportable. Las dos primeras se conocen de manera casual y empieza el cariño y la amistad. Luego, la protección y el amor. Escalona nos ofrece una historia sencilla de amor entre dos mujeres, a partir de la soledad y el desencuentro con los hombres. La película tiene el ritmo del calor de verano, donde los cuerpos reposan y se mueven lentamente, donde las palabras sobran y las miradas lo dicen todo. Y algo cambia entre estos dos personajes: descubren que entre mujeres la vida tal vez es mejor. Es entonces que se da un eclipse total de sol, que, según las leyendas ancestrales, cambiaba el rumbo del mundo y de las vidas.

Rossana Díaz Costa

Rabia, de Sebastián Cordero (Colombia, España, 2010)

Director: Sebastian Cordero
Guión: Sebastián Cordero, basado en una novela de Sergio Bizzo
Fotografía: Enrique Chediak
Edición: David Gallart
Música: Lucio Godoy
Producción: Dynamo, Montfort Producciones, Telecinco Cinema, Tequila Gang
País: Colombia, España
Año: 2009
Duración: 95 minutos

Intérpretes: Martina García, Gustavo Sánchez Parra, Concha Velasco, Xabier Elorriaga e Iciar Bollain

Lo que comienza pareciéndose convertir en otro culebrón o melodrama sobre la inmigración, adquiere el pulso y la forma de esa delicadeza narrativa que se llama suspenso.  Rabia es la brillante adaptación de la extraordinaria novela del  poeta argentino Sergio Bizzio, producida y rodada en España por Guillermo del Toro, que nos cuenta la extraña forma que toma la vida Jose María, un obrero colombiano de construcción civil, al convertirse accidentalmente en un asesino. El universo de la película -un universo de experimentos sádicos cuyos sujetos experimentales son una mucama y un obrero colombianos, ricos patrones españoles, un problemático hijito de mamá (Alex Brendemuhl) dado a la bebida, y una hija divorciada (Iciar Bollaín) que regresa al hogar con sus tres hijos- sucede en una mansión que adquiere su propia vida cuando Jose María, alias María, toma la condición de un enamorado fantasma al que nada se le escapa dentro de la casa, vigilando la vida de su amada, la mucama de la casa, invisible ya que no puede poner en peligro su libertad, que se convierte a su vez su propia cárcel, trazando su propio mapa doméstico y social, con un realismo absolutamente visceral, sin estereotipos.

Siempre al filo de la fantasía – Rabia es una suerte de “El fantasma de la ópera” contemporáneo-, el director ecuatoriano ha sabido aprovechar muy bien su elenco de reparto y su equipo de trabajo en esta nada despreciable adaptación. Una de las mejores películas del festival.

Jorge Ayala