
Directores: Santiago Loza – Iván Fund
Guión: Iván Fund, Santiago Loza
Fotografía: Maria Laura Colasso
Edición: Lorena Moriconi
Música: Iván Fund, Lisandro Rodríguez
Dirección de arte: Adrián Suárez
Producción: Morocha Films, Tres Sonido, HD Argentina SA
País: Argentina
Año: 2010
Duración: 104 min.
Intérpretes: Eva Bianco, Victoria Raposo, Adela Sánchez, Raúl Lagger
Tres mujeres. Sin nombre, sin pasado, sin aparente relación. Son rostros solamente. Tres mujeres en distintas etapas de la vida: una ya madura, la otra en transición hacia la madurez, y la última, la más joven, aún sin una historia escrita en el rostro. La zona es rural, una provincia del norte de Argentina, y la misión es médica. Hay una locación en particular, un hospital abandonado, derruido, donde las Tres Mujeres pernoctan, se asean y preparan sus reportes médicos. Los datos son escalofriantes. Malnutrición en los niños, embarazos en riesgo, enfermedades en estado avanzado sin tratamiento alguno. La salubridad pública no llega a estos parajes alejados, o llega tarde y mal, cuando lo grave es ya irreparable. Los rostros que se esconden detrás de las tasas informativas, los porcentajes y las conclusiones, son los de la gente abandonada del mundo, aquellos que están de espaldas a todo y a todos. De vez en vez estas Tres Mujeres salen a ventilarse un poco de tanta realidad, sobre todo al anochecer. Al bar de la ruta. Tampoco las conocemos más porque vistan otras ropas para salir, ni porque sus labios ahora estén de color rojo carmesí, delineados. No, los rostros siguen sin nombre, sin pasado y sin aparente relación. Pero el vínculo entre ellas es cada vez más fuerte, mientras los días se alargan y se suceden unos a otros de forma interminable, como en una larga condena, como en una especie de prisión al aire libre. Son un núcleo, que se asiste, que se retroalimenta en uno que otro abrazo, cuando el trabajo es agotador y la fiebre invade y las lagrimas se desbordan. Son Tres Mujeres como en una trinidad protectora. Son un rito diario, una compañía necesaria frente a la realidad experimentada en directo, sin maquillaje, desoladora.
Todo en Los Labios funciona como en un documental rutinario, pero está muy lejos de serlo. La información es documentada al detalle, como en un informe burocrático, pero el misterio permanece agazapado entrelíneas, en la ambigua transparencia de la puesta en escena del film. La ficción, enquistada en los cuerpos de estas mujeres, en sus rostros, en sus rutinas diarias, en un evidente juego actoral desprovisto de manierismos, es invadida por el testimonio en crudo de una investigación que cae con la fuerza de un meteorito, como marcando un territorio necesario. Es como si uno necesitara del otro para existir completamente. El documental está frente a la ficción y viceversa, ambos fascinados por la potencia de sus herramientas expresivas. Ambos registros están frente al otro para que se geste la dialéctica, la reciprocidad, cosa que sucede de manera magistral.
Los Labios es un film difícil de seguir, es un enunciado teórico que sin embargo posee la claridad de una escritura díafana, como lo buscaban los primeros neorrealistas. La belleza de la convivencia de ambos lenguajes es necesaria para que el mundo y el hombre puedan y deban ser comprendidos mejor. Rossellini y Cassavetes estarían contentos si la viesen.
Enrique Vivar