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ENTRE LOS MUROS, UN FILM DE LAURENT CANTET


Con una lucidez aterradora, “Entre los muros”, Palma de Oro en el Festival de Cannes 2008, descubre a un grupo de estupendos no actores performando una verdadera antropología escolar, en el mismo lugar que se gestan las técnicas disciplinarias y la normalización de la conducta, donde el poder es la relación misma.

Las incómodas verdades de Laurent Cantet, su director, utilizan un tiempo casi documental, una conciencia del lenguaje exclusiva y una lógica teatral que coloca a Cantet como un heredero contemporáneo de Bertolt Brecht. Sí, “Entre los muros” es pura y dura estética y política brechtiana. Descripción densa, deconstrucción, gramática de la acción, todo brilla con una inteligencia abrumadora, como nos había sorprendido ya con su ópera prima “Recursos Humanos”, movilizando la imagen del sujeto político a la escuela.

Todo es verdadero en esta película. Cantet nos ha dejado el amargo sabor de una institución y una cultura en crisis, con la maravillosa verdad de un cine con estilo, forma y muchísima inteligencia.

J. Ayala / 22 de octubre del 2009

ELECTROMA, UN FILM DE DAFT PUNK

A medio camino entre el catastro urbano de David Lynch, la arquitectura visual de un videoartista de vanguardia, las películas de serie B norteamericana, los delirios de la deriva y el afecto piromaníaco de Philippe Garrel y Nico en La herida interior, Electroma es la primera incursión como directores de Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo, el dúo francés Daft Punk, alucinando la utopía de dos robots -que no son más que ellos mismos, los personajes inventados para Daft Punk-: ser humanos. Y estos robots no dudan en someterse a los más extraños y enternecedores experimentos, y delirantes persecusiones.
Sin diálogos y musicalizada por los referentes clásicos y contemporáneos del dúo francés –ninguno de los temas que oímos en la película pertenece a Bangalter y de Homen-Christo-, estrenada en el Festival de Cannes 2006, Electroma suspende todos los sentidos.
J. Ayala / 16 de mayo del 2009

THE HAPPENING. UN FILM DE M. NIGHT SHYAMALAN

Para entender la gran fábula ecologista, el gran dispositivo político, social y económico (convertido finalmente en metáfora) utilizado por M. Night Shyamalan en The Happening, necesitamos una sola secuencia: la frase atribuida a Einstein en la clase de la que es responsable el maestro interpretado por Mark Walhberg en la escuela; la cita de Einstein afirma que cuando desaparezca del mundo la población total de abejas tan sólo nos quedarán 4 años de vida.
Cuando la realidad aparece con tanta fuerza dinamiza su sensibilidad para la abstracción. La ficción de Shyamalan esta vez no supera la realidad -como en sus otras películas- y se anticipa al futuro alertando que algo está sucediendo con la ecología mundial. La despreciable revolución transgénica y los cultivos tóxicos han transformado el medio ambiente al punto que la pesadilla soñada por Einstein ya se inició: la población mundial de abejas se reduce año tras año mientras el hombre intenta superar a la naturaleza y esta sencillamente vuelve por lo suyo transformada en enfermedades.
Con una situación que puede resultar tan banal como el hecho de que las abejas están desapareciendo, Shyamalan ha construido la menos fantástica y más (in)comprensible de sus historias.

J. Ayala / 27 de noviembre del 2008

RETRIBUTION, UN FILM DE KIYOSHI KUROSAWA

“Yo soy un maestro en fantasmagorías”
Arthur Rimbaud

Kurosawa no cesa de hacer pliegues. Su cine, rasgado y rizomático, no remite a una esencia ni a una lectura sustancial. Se curva y se recurva. Como el Barroco, remite a una función operatoria y se prolonga hasta el infinito. Se nos escapa constantemente de las manos y encuentra su materialidad en la física: si algo caracteriza la acción policial es su afinidad con el vacío. La figura del detective permanece siempre agujereada y se constituye en aquello que Lacan denominó “el callejón sin salida”: el sujeto se establece en la rivalidad y la identificación con la imagen de El Otro: El Fantasma.

Más que un ente o un fenómeno paranormal, el fantasma es en Retribution una producción psíquica, imaginaria, un desvío, casi una evolución teórica que sería la delicia de cualquier lacaniano obsesionado en descubrir símbolos. En Retribution, Kurosawa teje “una intriga que se anuda y se desanuda, se trata de un cuadro viviente, de una suspensión de la imagen donde la acción se limita a algunos gestos de naturaleza perversa” (Lacan dixit). Kurosawa reconoce en la imagen, sobretodo, que el fantasma es una escena: el diseño en Retribution pone énfasis en la ensoñación diurna y sus lugares (la ciudad es aplastada y demolida por la luz), su tiempo (el pasado es siempre lo que viene después), su luz (nunca tan densa: Kurosawa graba el suspenso usando toda la crudeza de su crudeza), el color y el sonido, con un carácter muy siniestro: lo familiar se torna extraño y se manifiesta todo lo que debió haber quedado oculto y secreto.
El orden de las cosas está en su cambio de registro, de lo inconsciente a lo consciente y viceversa; entre lo real (la muerte) y lo imaginario (una imagen del cuerpo). Se quiebra el principio de realidad y se pierde, el tejido de la experiencia se descompone y todo lo que la sostiene y la configura desaparece.

Con el fantasma, Kurosawa elude en Retribution la cuestión de lo simbólico para convertirse una vez más en laberinto múltiple y trazar, como el origami, a su modo, un genuino arte del pliegue.

J. Ayala / 9 de Agosto del 2008

LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA, UN FILM DE JULIAN SCHNABEL

Aparte de convertirse muy pronto en el órgano que transformará la ciencia del trauma y los recuerdos perturbadores, el ojo es el sentido que se convierte en el turista accidental del nuevo relato de personajes-síndromes (Jean Michel Basquiat, Reynaldo Arenas) de Julian Schnabel. El personaje elegido es Jean Dominique Bauby, ex editor de la revista Elle, despertando de un coma en medio de una pesadilla kafkiana (la pesadilla del mundo contemporáneo: vivir fuera del cuerpo, fuera de los sentidos), convertido en una pieza de museo de cera luego del accidente cerebrovascular que fracturó su sistema nervioso y dejó inútil la totalidad de su cuerpo (locked-in syndrome). Bauby recibe la noticia mientras intenta enfocar el mundo exterior que aparece y se representa frente al ojo-cámara en una especie de casting morboso, plagado de planos detalle y toda la movilidad de la lente. Su cuerpo, primera realidad del hombre, ha desaparecido. Su mente debe de construir un escenario para existir y dar sentido a la incapacidad de materializar sus afectos y experiencias del pasado: por medio de un código obturador, apoyándose en la suerte de bellas prótesis (espléndidas Marie Josee Croze y compañía), Jean Dominique Bauby logra interactuar y comunicarse. Un recuerdo (el recuerdo de su cuerpo –aquí recompensando- esquiando, arrojándose al vértigo de una montaña) activa la conciencia de sus posibilidades, logrando vivir en el deseo y en la acción al mismo tiempo, hurgando en el pasado para reactivar estos nuevos espacios y dejar huellas de su paso atravesando la escritura. La voluptuosidad del recuerdo en la mente convierte a Bauby en una presencia: deviene contemporáneo. “Si un texto solo existe cuando es leído”, un cuerpo solo existe en la alteridad, cuando es tocado. Bauby desarrolla afectos sin tocar, alejándose corporalmente mientras se acerca mentalmente.

La única fábula de La escafandra y la mariposa es visual: Schnabel plantea la posibilidad de experimentación por medio de la interpretación. Y en relación con Bauby, logra recuperar la conciencia de que somos capaces de construir nuevos escenarios.

J.Ayala / 11 de abril del 2008