criticas

EL LUCHADOR, UN FILM DE DARREN ARONOFSKY

Randy (Mickey Rourke) es un campeón de lucha libre, una leyenda viva para muchos americanos. Pero Randy se está haciendo viejo y está enfermo; pronto ya no podrá luchar más. The Wrestler (2008) narra la historia de este luchador acabado, un solitario que está condenado al fracaso y a la muerte, hombre pobre a pesar de ser una leyenda, y ha supuesto el retorno triunfal de un gran actor casi olvidado, Mickey Rourke, que se mimetiza en el personaje como pocos suelen hacerlo. Está aquí, con su rostro envejecido en el cual quedan pocos rastros de aquel guapo chico de la moto de Rumble Fish, destilando sabiduría de la calle, años de experiencia en este camino difícil que a veces suele ser la vida.
La película de Aronofsky no hubiera sido lo que es sin Rourke, está anclada en su personalidad, su fuerza, su mirada, en su rostro casi monstruoso. Nos cuenta la historia de una caída, de la búsqueda desesperada de amor y compañía, de la esperanza de comunión con una hija de la que nunca se ocupó. Es que Randy quiere creer que aún no es demasiado tarde. Y nosotros queremos creer lo mismo que él, nos metemos en su soledad, lo acompañamos en sus caminatas, en su dolor, en sus errores, es una de estas películas que se sienten en la piel. De gran sencillez narrativa y de realización, el film nos recuerda que al cine se va para identificarnos con los personajes, para ser felices e infelices con ellos.
Randy es un personaje al que comprendemos, que incluso nos puede llegar a enternecer a pesar de su aparente dureza. El film, al cual recomendamos sin lugar a dudas, es una acertada metáfora acerca de la lucha que todo ser humano debe librar contra la muerte, y que nos recuerda, a cada minuto, nuestra mortalidad y fragilidad.

Rossana Díaz Costa

EL LUCHADOR, UN FILM DE DARREN ARONOFSKY

Randy Robinson es un personaje oscuro que sigue como sombra el rastro de una obra y de un personaje mucho más luminoso: él mismo. Robinson es la nota al pie de ese gran texto que es su propia vida, su pasado, la vocación de llegar siempre después definiendo una singular ética de la subordinación. El guión de Robert Siegel descubre una revelación, una auténtica figura contemporánea – que en su momento inventó Borges o quizás Walser: ¿Es Randy Robinson uno de esos ejemplares alumnos del Instituto Benjamenta, los que jamás llegarán a nada y aspiran a ser gente muy modesta y subordinada, aprendidendo muy poco, fundando una genuina estética del talento?- : el subalterno, un personaje de segunda mano que no es un perdedor, es un parásito de sí mismo. El gran trabajo de Aronofsky consiste en entender que para crear un personaje y urdir una trama hay que producir un contexto y preguntarse además sobre la época y el ambiente en que hay que desarrollar la historia. Las primeras lecturas de Mickey Rourke y “El luchador” han sido equivalentes a lo que hace el mal psicoanálisis cuando arremete contra la vida del sujeto o cuando analiza los escritos como personas, elaborando “analogías con la vida real”. “El luchador” es mucho más que Mickey Rourke. Mucho más.

Jorge Ayala Salinas

LA DESCONOCIDA, UN FILM DE GIUSEPPE TORNATORE

El invierno resalta el gris de la ciudad, los metales y el concreto. Una mujer alquila un cuarto, no lo llena de cosas, incluso no se instala del todo. Observa por la ventana el edificio del frente, en las noches, como una lechuza alimentando la obsesión por su presa. Durante el día, despliega toda fuerza para ingresar y empaparse del ambiente de ese edificio, hasta infiltrarse en forma de la encargada de limpieza. Refugiada en su guarida, teje un plan determinante; su ajedrez va en busca de las piezas de sacrificio; sonreír cuando es necesario, hablar poco y en lo posible con nadie; aventurarse a mentir hurgando lo suficiente para no levantar sospechas: aparece un antiguo fantasma de otra mujer, ella misma.

El verano asoma tímido, estimulado por la sinuosidad de una fresa, esta mujer la muerde; y el espejo interior la lleva a una época donde sus más hermosos recuerdos hacen equilibrio con el color naranja de las llamas del infierno, el sol azota su memoria con sorda crueldad, mientras se deja besar por el amor imposible. Infame calor para acariciar su invierno.

Los espasmos de su vida anterior se robustecen intercalados en la rapidez de las imágenes en circuito cerrado: su guarida, el edificio, las calles. La desmesurada solidez de la música se dispara intrépida, trémula constructora de puentes interiores entre cada estación.

Esta mujer es Irena, la desconocida.


Jose Vera Visagel

LA DESCONOCIDA, UN FILM DE GIUSEPPE TORNATORE

Irena (Kseniya Rappoport), la desconocida, es como esas mujeres que conocí en Europa, en varias esquinas del centro de Madrid, o en alguna otra ciudad por la que pasé preguntándome de dónde salían tantas mujeres de rostros tristes que dedicaban su vida a darle placer a los hombres. En Madrid, llegué incluso a reconocerlas en las esquinas de la famosa calle Montera, que desde siempre, ha sido la calle donde se ejerce la prostitución. A través de los años, las caras han ido cambiando; antes, eran solo españolas, ahora, son en su mayoría inmigrantes, de todos los países pobres del mundo: africanas, latinoamericanas y europeas del este. Son estas últimas las que llaman más la atención, porque se parecen al resto de europeas. Solo se parecen. Sus miradas no son las mismas. En eso se les reconoce. Han nacido bajo la marca del infortunio.

Al igual que Irena, una mujer ucraniana con un pasado que no la deja vivir, estas mujeres a veces aparecían con marcas en el rostro, con maquillaje que les tapaba las cicatrices de los golpes, de las heridas de ser solo un objeto en el mundo de los hombres. Hay otras heridas más profundas, esas por las que algunos nacen para morir, para vivir muriendo. Solo el amor salva de esta tragedia. Pero en los casos de mujeres sin oportunidades como Irena, el amor tampoco está permitido.

La Desconocida (2006), última película de Giuseppe Tornatore, que llega demasiado tarde a nuestra cartelera, cuenta la historia de esta mujer que nace para morir en vida, que nace para traer vida a este mundo pero no poder disfrutarla, que nace para amar y morir también en el intento. Y esto es lo que conmueve, que sea capaz de seguir, de luchar contra el miedo, de enfrentarse a tantos monstruos y mantener la dignidad. Tornatore nos envuelve en su misterio, en un thriller que no es thriller, porque no sigue a cabalidad las reglas del género, pero esto no importa, nos conmovemos por su humanidad, y seguimos a Irena, en su búsqueda de la verdad detrás de la existencia de una niña. Así como alguna vez me sucedió con esas mujeres en las esquinas de la calle Montera, las que siempre estaban a la misma hora, esperando al próximo cliente, con heridas y no, pero casi siempre con rostros y miradas que nos hacían saber que su felicidad estaba en algún lugar lejano de aquella calle terrible, tal vez en alguna remota infancia en países fríos y de idiomas difíciles, que su búsqueda de oportunidades en la Europa oficial había terminado siendo una pesadilla.

Y esta es la estructura de la película de Tornatore, aquella de una pesadilla de la que solo se puede uno salvar a través de la violencia, la muerte y el encierro, para tal vez volver a empezar. Para poder levantarse, así como Irena le enseña a la niña a la que cuida, que tiene un problema con el equilibrio y siempre se cae. Hay que caerse mil veces para poder aprender a levantarse, parece querer decirnos Tornatore, hay que ser golpeado y humillado para poder aprender a defenderse. Esa niña e Irena son la misma persona de alguna manera, y en esta relación radica el principal interés del film.

No solo nos enfrentamos a un drama lleno de fuerza, también nos identificamos con estas mujeres, las que viven y mueren, las que recién están aprendiendo a caer y levantarse. Incluso también podemos ver a la gran Ángela Molina después de muchos años. Y disfrutar de la música de Morricone una vez más. Tornatore ha vuelto, como en sus mejores películas.

Rossana Díaz Costa

LA ESCAFANDRA Y LA MARIPOSA, UN FILM DE JULIAN SCHNABEL

Aparte de convertirse muy pronto en el órgano que transformará la ciencia del trauma y los recuerdos perturbadores, el ojo es el sentido que se convierte en el turista accidental del nuevo relato de personajes-síndromes (Jean Michel Basquiat, Reynaldo Arenas) de Julian Schnabel. El personaje elegido es Jean Dominique Bauby, ex editor de la revista Elle, despertando de un coma en medio de una pesadilla kafkiana (la pesadilla del mundo contemporáneo: vivir fuera del cuerpo, fuera de los sentidos), convertido en una pieza de museo de cera luego del accidente cerebrovascular que fracturó su sistema nervioso y dejó inútil la totalidad de su cuerpo (locked-in syndrome). Bauby recibe la noticia mientras intenta enfocar el mundo exterior que aparece y se representa frente al ojo-cámara en una especie de casting morboso, plagado de planos detalle y toda la movilidad de la lente. Su cuerpo, primera realidad del hombre, ha desaparecido. Su mente debe de construir un escenario para existir y dar sentido a la incapacidad de materializar sus afectos y experiencias del pasado: por medio de un código obturador, apoyándose en la suerte de bellas prótesis (espléndidas Marie Josee Croze y compañía), Jean Dominique Bauby logra interactuar y comunicarse. Un recuerdo (el recuerdo de su cuerpo –aquí recompensando- esquiando, arrojándose al vértigo de una montaña) activa la conciencia de sus posibilidades, logrando vivir en el deseo y en la acción al mismo tiempo, hurgando en el pasado para reactivar estos nuevos espacios y dejar huellas de su paso atravesando la escritura. La voluptuosidad del recuerdo en la mente convierte a Bauby en una presencia: deviene contemporáneo. “Si un texto solo existe cuando es leído”, un cuerpo solo existe en la alteridad, cuando es tocado. Bauby desarrolla afectos sin tocar, alejándose corporalmente mientras se acerca mentalmente.

La única fábula de La escafandra y la mariposa es visual: Schnabel plantea la posibilidad de experimentación por medio de la interpretación. Y en relación con Bauby, logra recuperar la conciencia de que somos capaces de construir nuevos escenarios.

Jorge Ayala Salinas

DEATH PROOF, UN FILM DE QUENTIN TARANTINO

Otro licuado marca Tarantino. Fierros, llantas, grasa, Morricone, canciones a go-go, Monte Hellman. Chicas aguerridas, un poco bocasucias, un poco presumidas, un poco arrebatadas. Y eso si, mucho (demasiado) talento al momento del shake. Si hay algo especial que tengo que rescatar de este film, mas allá de de la curiosa alquimia de sus referentes, es la extraordinaria frescura y ritmo de los diálogos que transforma la mas ramplona banalidad en purito derroche de clase. Imaginemos el oído del Mankiewickz de All about eve pero en versión travestida, remix 12”, con nuevos arreglos, loops y efectos varios. El mejor beat posible para ver chicas lindas que hablan acerca de nada mientras miran como les crecen las uñas. Death Proof es el postre adictivo por excelencia, aquel que repites maniáticamente y que recomiendas obsesivamente a tus amigos como objeto de consumo de lujo. Además está Kurt Russell en versión reseca, agrietada, icy hot. Todo un tanque misógino con aliento a ron.

Enrique Vivar Flores

PARANOID PARK, UN FILM DE GUS VAN SANT

No sólo es la historia de cómo un adolescente skater mata a un guardia por accidente, sino es principalmente el retrato de una Norteamérica enferma, con jóvenes que viven en la soledad de sus grandes casas, buscando, tal vez, poder comunicarse con alguien, ir más allá de un mundo acomodado y casi desprovisto de sentimientos.

Rossana Díaz Costa

CASSANDRA´S DREAM, UN FILM DE WOODY ALLEN

A pesar de que yo, personalmente, me quedo con el Woody de los ochenta, me declaro fan incondicional de todas sus películas. Mi poca objetividad, entonces, hace que diga que Cassandra´s Dream es una muy buena película acerca de la ambición, el crimen y el castigo, en la línea de Matchpoint (2005) y por consecuencia también en la línea de una de sus mejores películas, Crímenes y Pecados (1989), el origen de todo allá en esos ochenta a los que me refería antes.

Rossana Díaz Costa

VICKY CRISTINA BARCELONA, UN FILM DE WOODY ALLEN

En cambio, Vicky Cristina Barcelona es una comedia, en la cual Woody se burla un poco de los artistas, del amor pasional y del que no lo es, todo con fina ironía, cinismo y con actores guapos y famosos andando por Barcelona, para el deleite de los espectadores. Y como en varias de sus películas anteriores, hay detrás de esta ironía también un cuestionamiento acerca del amor verdadero y de la búsqueda de la felicidad en pareja, del aburguesamiento y del atractivo de una vida romántica sin acartonamientos.

Rossana Díaz Costa

LUCES AL ATARDECER, UN FILM DE AKI KAURISMAKI

Koistenin es un pobre hombre sin amigos, sin novia y sin plata, un hombre gris, un anti-héroe que nos conmueve por su inocencia, sobre todo cuando se deja timar por una rubia de film noir en plena Finlandia. Tragicomedia tierna y agridulce acerca de la soledad, con el peculiar sentido del humor que caracteriza a todas las películas de Kaurismaki.

Rossana Díaz Costa